Así como lo está leyendo y lo hace con acarreos, cargadas, besamanos
―literalmente, como vimos hace unos días en Tecámac―
y línea política desde las alturas, han llegado a la Universidad Nacional Autónoma de México.
Inmersa en un proceso para elegir al nuevo rector de la UNAM, abierto en los primeros días de septiembre y que culminará al iniciar noviembre, tenemos un escenario tipo priísta o morenista donde la administración que termina tiene a su candidato oficial, se destinan recursos del presupuesto para apoyarlo, se dispone de personal propio para llenar sus eventos de apoyo y, por si fuera poco, lanzan mensajes de veto a otros aspirantes para presionar a los 15 miembros de la Junta de gobierno que habrán de tomar la decisión.
La comunidad universitaria tiene claro que el favorito del actual rector Enrique Graue para entregarle el timón puma es su propio secretario general, el economista Leonardo Lomelí, que dispone de todo el aparato oficial para autopromoverse. Y agárrense recio, porque tengo en mi poder correos electrónicos puntuales donde personal de diversos centros de trabajo tanto en Ciudad Universitaria como en otros campus azul y oro han denunciado que los obligan a acudir a eventos de apoyo al “tapado” sin explicación alguna y bajo amenaza de consecuencias administrativas. ¡Quihúboles!
Se trata de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, los cinco planteles del Colegio de Ciencias y Humanidades y también las facultades de Química y de Veterinaria y Zootecnia.
¿Pero qué necesidad?, diría Juan Gabriel. Por más que el director del sistema CCH sea “amiguis” (sarcasmo), es vergonzoso que autoridades de los planteles Naucalpan, Oriente y Vallejo, trasladaran en vehículos oficiales a decenas de sus empleados para irle a aplaudir hasta CU al Secretario General y que les dijeran simplemente “no hagan preguntas” y chitón. Además de parecer priísta, el director de los CCHs, Benjamín Barajas, es iluso, pues fueron precisamente varios de los acarreados quienes
―vayan por un fuertecito―
cuestionaron en el evento a Leonardo Lomelí, ahí nomás pa’ que no quedara.
“Triste democracia en la UNAM”, dice otro correo electrónico que resume estos vicios en el proceso de auscultación para revisar los perfiles de 17 candidatos a ocupar la oficina principal de la Rectoría.
Y como en la FES Cuautitlán no quisieron que les pasara lo que al titular del CCH, ahí simplemente generaron cuestionarios a modo y opiniones sembradas para “apoyar” a Lomelí en las consultas de la Junta de Gobierno. Y por supuesto, prohibir preguntas que pudieran incomodar al funcionario cuando hizo una visita al plantel.
Pero ahí no termina el asunto. No sólo se trata de apoyar al favorito sino de meterle el pie a sus competidores. Resulta que sabemos que del sexto piso de la Torre de Rectoría de la UNAM han salido comentarios, “ahí como para que no quede la cosa”, de obstaculizarle el camino a otros aspirantes, una suerte de veto inaceptable para cualquier universitario bien nacido, ya no digamos una vergonzosa “tirada de línea” a la Junta de Gobierno.
¿Imponer a un candidato a costa de manchar el proceso institucional definido o incluso de poner en riesgo la estabilidad de la Universidad? Vaya, pues, no entienden que no entienden. ¡Síganle rascando al gorila! diría yo misma.
En fin, todos esperamos que los 15 notables de la Junta dispongan de elementos suficientes y transparentes para evaluar las candidaturas de cinco mujeres y 12 hombres, en una lista de la que saldrán los finalistas para una última etapa de entrevistas
―a partir del 12 de octubre próximo―
y de donde saldrá el nombre del próximo rector o rectora que asuma funciones a mediados de noviembre y por los próximos cuatro años.
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