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Jonathan Nácar

Está consciente que su vida está en peligro porque sabe que uno los objetivos de quienes asesinaron en julio pasado a Simón Pedro, activista expresidente de la organización Las Abejas de Acteal, es matarlo. Aún con las constantes amenazas y calumnias en contra el sacerdote Marcelo Pérez Pérez está “convencidísimo” de seguir siendo un constructor de la paz y aportar su ‘granito de arena’ en busca de pacificar Pantelhó y toda la región de Los Altos en Chiapas.

Como él, el sacerdote Jesús Mendoza Zaragoza, coordinador de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Acapulco ha tenido que lidiar con el constante acoso e intimidaciones de los grupos criminales, pues, aunque en su misión por atender a las víctimas de la violencia del puerto y otras regiones de Guerrero no busca confrontarse con la delincuencia, sí ha padecido la presión al grado de tener “ya de planta un vigilante de la delincuencia”. 

Aun con esos riesgos, cuenta Gilberto Vergara, párroco de Aguililla Michoacán, las iniciativas que los sacerdotes o la Iglesia en general puedan ofrecer a las personas que han sufrido el asesinato, la desaparición el secuestro de algún familiar terminan en “pequeñas acciones”, pues al menos en la región de Tierra Caliente señala que “mientras no se recobre la gobernabilidad y el libre tránsito, lo demás ayuda, pero no soluciona y finalmente eso no nos toca a nosotros”. 

Sacerdotes de distintas regiones del país cuentan a ejecentral la relevancia que ha tomado la Iglesia ante los distintos escenarios de violencia e incluso crisis humanitarias como es el caso con los desplazamientos internos, las personas migrantes y los refugiados, lo cual los ha colocado en una posición donde su misión por ofrecer fortaleza y guía espiritual como un impulso para seguir adelante ha ido más allá de su ordenamiento religioso, incluso anteponiendo su integridad. 

Sacerdote Marcelo Pérez Pérez Foto: Especial

Conflictividad, una historia sin fin. Consciente de que la Diócesis de San Cristóbal en Chiapas trae a cuestas toda una historia de mediación y pacificación y muestra de ello fue el papel mediador que adoptó entre el gobierno y el levantamiento zapatista, el padre Marcelo Pérez Pérez reconoce que la conflictividad en el estado se ha convertido en un trabajo constante para la iglesia, del cual no alcanza a ver un fin. 

Fue en Chenalhó donde el sacerdote, defensor de Derechos Humanos y coordinador de la Pastoral Social de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, emprendió su labor de acompañamiento con las víctimas sobrevivientes de la ‘matanza de Acteal’, donde asegura: “aprendí mucho a cómo ser más sensible ante la violencia”. Su labor continuó en Simojovel, de donde es párroco, y que en medio del clima de violencia echó a andar un plan social en busca de pacificar a través de la peregrinación, oraciones, denuncias públicas y jornadas de ayuno. 

Las expectativas actualmente están depositadas en Pantelhó en la región de Los Altos, donde el asesinato del activista tzotzil Simón Pedro Pérez, ocurrido el 5 de julio pasado en Simojovel, agudizó la violencia y un par de días después del homicidio del activista hallaron explosivos con detonares y armamento de grueso calibre en las casas de quienes durante años fueron señalados por Simón como los generadores de la violencia en la región. 

A finales de mayo pasado, el padre Marcelo fue llamado por las autoridades comunales para ayudar a mediar el conflicto en Pantelhó, el cual se agudizó tras el homicidio de Simón Pedro. A partir del plan para pacificar la región, el obispo de San Cristóbal de las Casas, Rodrigo Aguilar Martínez propuso al párroco el conformar una comisión diocesana que fue compuesta por siete sacerdotes y tres religiosas. 

Las dos mesas de diálogo en las que se logró contar con la participación de autoridades de los tres niveles de gobierno y representantes de las más de 80 comunidades y 18 barrios del municipio, el padre Marcelo prefiere no cantar victoria, pues, aunque asegura que hay esperanza de que la situación mejore, pues asegura que el pueblo se ha mantenido unido, los intereses de muchas personas o de grupos parecen sobrepasara la misión de la iglesia y es ahí donde se centra el problema, asegura. 

“Estoy convencidísimo que hay que ser constructores de la paz, pero esta paz es un estorbo para los que generan violencia. En realidad, al crimen organizado lo que le interesa es la violencia, controlar al pueblo, asesinar y que nadie diga nada. Los intereses económicos, políticos el narcotráfico y el crimen organizado no se detienen. Es un trabajo constante, yo veo que no tiene fin”. 

En Chenalho, Chiapas el obispo de la diócesis de San Cristobal de las Casas, Rodrigo Aguilar Martínez. Foto: Cuartoscuro.

Su coordinación en estas mesas de diálogo que terminaron por apaciguar los ánimos de los grupos de autodefensas y el retorno de cientos de familias desplazadas por la violencia ha convertido a Marcelo Pérez en un blanco no sólo de calumnias y acusaciones que lo señalan de haber conformado al grupo de autodefensas conocido como “El Machete”, sino de amenazas de muerte, de las cuales la propia Diócesis de San Cristóbal ha expresado su preocupación y la exigencia de que sean atendidas por las autoridades. 

“Mi vida misma está amenazada porque así lo dijo el que mató a Simón Pedro, cuando la Fiscalía le preguntó por qué lo habían matado, él contestó: ‘nos mandaron porque si no lo hacíamos nos mataban a nosotros, pero esto no se va a detener, van a haber más ejecuciones hasta que matemos al padre Marcelo”.

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