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Bet Birai Nieto

El amor en los tiempos de violencia puede ser incluso más arrebatador, cuando una serie de acontecimientos develan para dos personas el nulo compromiso de las autoridades para resolver un asesinato. La estadística de que ocho de cada 10 asesinatos en el país no se investigan fue retomada por el realizador Sergio Umansky Brener, quien ofrece una historia que denuncia la corrupción, la violencia y la injusticia.

Sergio Umansky Brener

Este director y productor ha sido ganador del apoyo del décimo Concurso Nacional de Proyectos de Cortometraje del IMCINE en 2010 y del sexto Taller de Perfeccionamiento de Guion de Largometraje Alejandro. Dirigió varios cortometrajes antes de estrenar Aquí iba el himno (2002), su ópera prima, que obtuvo varias nominaciones en festivales como el Internacional de Palm Springs; además de ser ganador del Premio del jurado al Mejor logro en drama en el Festival de Aspen en 2003. Con el largometraje Mejor es que Gabriela no se muera (2007) ganó el Premio al Mejor primer largometraje en Cinequest San José Festival de Cine del 2008. 

¿Cuál fue la última película que te fascinó?  Stalker de (Andrei) Tarkovski, que aunque no es de las últimas, pero sí de otro planeta, me lleva hasta lo más profundo de mí mismo, no me puedo imaginar otra experiencia más profunda en el cine . A mí me gusta el cine que me absorbe por completo. Es un viaje al interior de uno mismo. 

¿Qué elemento te atrapa más de esta película? La paciencia por la imagen, este viaje al interior de uno mismo, liberarte de todo lo que hay para que te puedan meter y hacer un mundo en el que ya no te preguntes por la lógica y sólo te quedes con lo sensorial, pero también su parte filosófica. De Tarkovski me gusta mucho que también se puede apreciar al cine como poesía. Me enloquece. Incluso otra que acabo de ver hace poquito y que no es muy reciente, Kes (estrenada en 1969), que cuenta la historia de un niño que se encuentra un halcón. Me pareció una película hermosa. Pero también me gusta Billy Elliot.

Si tuvieras otra carrera ¿cuál sería? Teólogo. Hace poco entendí, desde mi ventanita, que lo que hace avanzar a la humanidad, más que ninguna otra cosa, es la idea de que tu vida interior, tan valiosa y especial para ti, es decir, para quien la lleva. Siento que en la montaña del conocimiento, hasta arriba hay un teólogo sentado.

El dato. Su filme Ocho de cada 10 fue Vampiros DF, su manufactura implicó una larga selección en su casting.

¿Escuela de cine o por la libre? Escuela de cine. Yo estudié cine en Columbia, me gradué en 2005. Definitivamente soy muy clavado en la forma y aprendí mucho de eso en la escuela. A  mí me sirvió eso. Tengo amigos y colegas que se fueron por la libre y que incluso saben más que yo o que son mejores que yo, pero esto se debe a que no hay una fórmula para acceder al mundo el cine, aunque sí hay que escribir cuentos y luego a filmarlos.

¿El cine lo prefieres más en celuloide o en digital? Había mejor cine cuando se filmaba en celuloide, porque era más difícil hacerlo. Por eso quienes lo hacían, tenían que ser mejores directores para tener mejores oportunidades de acceder al dinero. Pero ahora como se volvió más económico hacer cine, ahora hay más cine malo. Aunque en general, a mí me gusta más el cine de antes.

En cine, ¿cuál es la obra maestra? Al menos en la americana es El Padrino, y tiene más de 40 años.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado respecto a tu profesión? Jalándome los pelos por los Estudios Churubusco, antes de hacer Aquí va el himno, mi primera película, vi que por ahí estaba Mel Gibson, también sufriendo por hacer una de sus películas. Pero justo, pasó otro director de cine que me dijo, de la nada: “no se puede hacer cine para todos”. Y eso es lo que me estaba pasando a mí porque en ese momento estaba tratando de hacer cine para todos. Tenía tantos sueños de hacer una película, pero ese consejo me liberó de muchas cosas. Pero sí hay que hacerse una pregunta ¿para quién voy a hacer esta película? Si a mí me gusta, si a mí me convence, debería haber muchos más como yo. Eso me liberó de muchas cosas.

¿Cómo es que el título de tu última película, Ocho de cada 10, nos lleva a la historia?  Significó la mayoría, el 80 por ciento. Pero ya que entendí bien la historia, comprendí lo que mencionó uno de los personajes: ocho de cada 10 asesinatos en este país no se investiga. Por eso ese título sonó muy acertado y también fue cuando decidí meterle lo de los 10 asesinatos que suceden en la película. Así se le confirió un marco a la película con la frase “ocho de cada 10 asesinatos no se investigan y este no es uno de ellos”.

¿Cómo llegó la historia a ti? Hace ocho años estaba haciendo unas entrevistas en mi oficina de la colonia Condesa para una película que pensaba hacer en ese momento —se trataba de un muchacho que quería ser vampiro— y yo la quería hacer con actores que no fueran profesionales. Poco tiempo después se me olvidó la película y me interesé más en las entrevistas. Fueron dos años en los que vino todo tipo de gente a mi oficina. Una de ellas era una sexoservidora y yo creo que el cuestionario que les hacía era muy divertido porque al otro día llevó a 10 amigas.  

›También, un día llegó un junkie y al otro día llegaron tres amigos de él. Al otro día llegó un señor a quien le mataron a un hijo y que no había logrado tener algún tipo de resolución y a quien un investigador privado le ofreció un tipo de justicia alterna.

¿Basado en este testimonio llegó la trama como la conocemos? De todas estas entrevistas, a través del tiempo me nació contar la historia de un hombre a quien le matan un hijo y un oficial de investigación le ayuda a hacer su justicia. Pero también llega una segunda historia de amor entre dos personas heridas, definiendo al amor como acariciar las cicatrices del otro. Y luego un marco más, como contundentemente social, de denuncia, ocho de cada 10 asesinatos no se investigan, porque también “ocho de cada 10 gatos prefieren Whiskas”. 

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