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Jonathan Nácar

jonathanjnd@ejecentral.com.mx

Un inadecuado procedimiento provocó la presurización necesaria para que el combustible fuera expulsado
 a borbotones, incrementando el riesgo de explosión

Atender el reporte de tomas clandestinas y fugas se había vuelto cotidiano en el municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo. Tan sólo en el último trimestre se habían registrado al menos una decena de casos, pero en la fuga del 18 de enero que causó más de 200 víctimas, falló la aplicación del protocolo de seguridad.

Con base en reportes de Petróleos Mexicanos y especialistas consultados, se refuerza la hipótesis de un cierre tardío luego de que la fuga en la toma clandestina fue oficialmente reportada a las 14:30 horas, con una intensidad “mínima”, y hasta cuatro horas después se confirmó el cierre total de las válvulas —según la versión del gobierno federal—, a lo que se suman otras anomalías que pudieron propiciar la gran afluencia de hidrocarburo.

Una de ellas, señaló Roberto Villeda Suárez —ingeniero especializado en medición de hidrocarburos para el cumplimiento regulatorio de operadores y permisionarios petroleros—, es que en el protocolo de frenar el bombeo y cierre de válvulas se dio al mismo tiempo, tanto de un extremo o como del otro, del poliducto por donde se suscitó la fuga, lo que evitó que el petrolífero se despresurizara correctamente.

“El protocolo es apagar el bombeo, cerrar la válvula de inicio, es decir del punto A y cuando se despresurice se cierra la válvula del punto B. Ahí (en Tlahuelilpan) lo que pasó es que cerraron ambas válvulas al mismo tiempo y se dejó toda la línea presurizada (…) En un procedimiento normal esto tarda unos 10 minutos y en una operación complicada debido a la altura o alguna otra condición puede llevar por mucho media hora a lo mucho”, explicó el especialista entrevistado por ejecentral.

De acuerdo con el socio fundador de CalPro, empresa especializada en materia de evaluación del transporte por ducto y almacenamiento de hidrocarburos, petroquímicos y petrolíferos, el no haber procurado el cierre de la válvula A para disminuir la presión del producto y hacerla mínima hacía el punto B, provocó que la presión quedara empacada.

La falta de regulación en los procedimientos, aunado a la carencia de una autoridad responsable en los sistemas de candados de medición de los ductos, son algunas de las causas que Villeda Suárez identifica como condiciones que empeoran la falta de pericia para cumplir con los protocolos establecidos.

“La CRE (Comisión Reguladora de Energía) se dedicó mucho en el sexenio pasado a dar permiso de todo y no regular. Hay muchas regulaciones que no han sido aplicadas para ningún permisionario, desde la recepción del petrolífero, transporte, almacenamiento, y la disposición en la estación de servicio (gasolinería), pero no se reguló, ahí están, pero quedaron en disposiciones administrativas que nadie aplicó”, detalló Villeda Suárez.

 

Una fuente mortal 

Ante la probable demora en cortar el flujo de gasolina en el ducto, el cual explicó Octavio Romero Oropeza, director de Pemex, se había empacado un día antes del incidente con gasolina Premium, para después en una interface de lote, empacarlo con el aditivo de alto octanaje éter metil tert-butílico o metil tert-butil-éter (MTBE, por sus siglas en inglés); la abundante cantidad de gasolina en el ambiente pudo ser la causa de la ignición espontánea, sin necesidad de algún chispazo.

“Con la cantidad expuesta al ambiente, la concentración de la mezcla que salía de gasolina líquida, pero que se evapora muy fácilmente, pudo haber llegado al punto de explotar sin la necesidad de una chispa porque es ese vapor en el que puede iniciar el incendio y después se sigue el fuego con el líquido”, explicó Benjamín Ruiz Loyola, catedrático de la Facultad de Química de la UNAM.

Aunque de acuerdo con el especialista en el manejo de sustancias peligrosas y armas químicas, pudieron tratarse de varios factores los que propiciaron el punto de ignición, el también llamado flashpoint, es decir cuando la temperatura o concentración llega al punto de explosión, es variable según las características de la gasolina y Pemex debe contar con dichos datos, comentó.

La explosión “pudo haber sido espontánea por la cantidad, la concentración y la mezcla en el ambiente, pero si golpearon el ducto también se pudo provocar alguna chispa; si había gente con ropa sintética, toda de poliéster o de nylon, la fricción de las fibras sintéticas provocan la emisión de chispas de electricidad estática y eso también pudo haber detonado la conflagración”, dijo Ruiz Loyola.

El docente explicó que el MTBE es un aditivo de alto octanaje para las gasolinas, utilizado en lugar del compuesto de tetraetilo de plomo, para conseguir que la combustión dentro del motor “sea más pareja”, pero sus características no lo hacen más o menos flamable que la gasolina.

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