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Tlatlaya ya tiene militares detenidos por la cada vez más cierta matanza de personas en junio, y un funcionario público que parece zombie. Este funcionario es el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Raúl Plascencia, que tiene un tiro político en la cabeza que no se puede sacar. Don Raúl tuvo a bien justificar al Ejército cuando se supo que tras un feroz, cruento y largo enfrentamiento con presuntos delincuentes, había matado a 23 de ellos y sólo tenía a un herido como baja. No le pareció extraño a don Raúl, en su genuflexión ante los militares. Pues el papista resultó más dócil que el secretario de la Defensa, general Salvador Cienfuegos, quien exigió a su tropa el respeto de los derechos humanos, y puso a disposición de un juez a los militares que pudieron haberse excedido en la fuerza. Plascencia, como se dice, se quedó chiflando en la lona.

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