Simón Vargas

“El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”

Platón

Como ya se ha hecho mención, nuestro país se enfrentará al proceso electoral más grandes de la historia, en el cual se designarán poco más de 21,200 cargos en las 32 entidades federativas, sin embargo, se debe admitir que en comparación con otras elecciones, la del 2021 rompe patrones establecidos, lo anterior por al menos tres factores relevantes: 1) existen nuevos partidos y alianzas inesperadas, 2) el cada vez más visible disgusto y hastío de la población hacia el segmento político y 3) una reconfiguración social debido a la pandemia originada por el virus SARS-CoV-2, que presenta un escenario desconocido hasta el momento.

Este último punto nos ha hecho que sea cuestionado mucho de lo establecido, las prioridades cambiaron y las necesidades se vieron modificadas casi en un giro de 180°, lo que, aunado al cansancio y disgusto de la población, harán que los candidatos sean ubicados en el ojo del huracán y que la sociedad incremente su desconfianza de cada propuesta, juzgue cada comentario, vigile los gastos de campaña y ponga en tela de juicio la capacidad de cada uno para llevar a buen puerto su encomienda.

Ante a un panorama tan exigente los candidatos deberán restaurar la forma en la que se hacen campañas electorales en el país, ya que hasta hace un par de décadas la política basada en el clientelismo había brindado los resultados esperados; afortunada o desafortunadamente, pareciera ser que la política actual si bien requiere inversión económica no se basa enteramente en ella, porque las redes sociales, el uso de la micropolítica y la globalización han logrado que lo local se vuelva mediático.

El clientelismo electoral, puede ser definido como el intercambio de bienes materiales, favores, servicios y hasta dinero por apoyo político o votos; no podemos negar que esta práctica tiene al menos dos connotaciones importantes una histórica-cultural y una psicológica, lo anterior de acuerdo al artículo divulgado por Dialnet denominado Vertientes analíticas del clientelismo electoral: ¿son valores o puro interés? Donde se destaca que, aunque es importante considerar los contextos económico, cultural, social y político de los individuos que decidensumarse a prácticas clientelares, las posturas se enfocan más en los modos subjetivos de cada persona, en especial en el tipo de sentimiento que les genera recibir un obsequio, presente o beneficio, como la lealtad y la gratitud.

En un país con un alto porcentaje de pobreza, la suposición implícita del clientelismo es basarse en que la carencia económica hará que los votantes accedan a la estrategia de movilización y al intercambio de votos por dinero o recompensas, sin embargo, contrario a lo pensado, en la práctica es una hipótesis difícil de corroborar ya que el voto se realiza de forma individual y aisladamente, lo que hace casi imposible calcular su eficacia.

De acuerdo a la investigación Fortalezas y debilidades del sistema electoral mexicano: 2000-2012 publicado en conjunto por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias e Integralia Consultores se menciona que, el clientelismo electoral es el segundo delito más denunciado ante la FEPADE, y que independientemente de la eficacia del clientelismo para afectar la intención del voto, su instrumentación requiere de sumas cuantiosas en efectivo. Con frecuencia, ese gasto no se reporta a la autoridad electoral y constituye una de las principales causas del creciente gasto en campañas políticas en México.

Además de la probable poca eficacia de las estructuras piramidales en las que se apoya el clientelismo, la sociedad ha comenzado a desconfiar enérgicamente de aquellos que ofrecen gorras, lapiceros, playeras, comida o dinero a cambio del voto, e incluso en información de la OCDE publicada en Perspectivas de Integridad América Latina y el Caribe 2018, dentro de la ficha de México se sostiene que el clientelismo, la baja calidad de las declaraciones patrimoniales y la informalidad en el financiamiento político pueden resultar en actuaciones sesgadas en favor de intereses particulares y en una mayor percepción de corrupción.

Abandonar el clientelismo o al menos ponerlo de lado e invertir en campañas innovadoras, vanguardistas y tecnológicas, donde no se intente “adquirir” el voto sino verdaderamente inspirarlo, le dará a nuestro país una nueva perspectiva y en especial una nueva generación de políticos dispuestos a refrescar un ambiente tenso y cargado de obsoletos sistemas.

Bien cita la paráfrasis: “el horno no está para bollos” y es cierto, México no está dispuesto a permitir que los errores continúen repitiéndose, pero además, la población ya no guardará silencio frente a la desigualdad e inequidad, por lo que los aspirantes no pueden seguir creyendo que el clientelismo les brindará una oportunidad. Hoy es necesario que se renueven, que abran caminos sin miedo a lo desconocido y lo más importante que escuchen las voces de aquellos que viven día con día las dificultades de enfrentarse a las carencias en el ámbito de salud, al desempleo, la desigualdad, el hambre, la pobreza y la inseguridad.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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