Soberbia y negligencia
La embajadora mexicana en Londres está metida en una polémica que, de paso, ha vuelto a poner en entredicho al canciller De la Fuente
El canciller De la Fuente durante su discurso en la reunión de la ONU
/Foto: X (@SRE_mx)
El caso de la embajadora de México en Gran Bretaña, Josefa González Blanco, recuerda antecedentes que obligan a preguntarse por lo que ocurre con el Servicio Exterior en tiempos de la 4T. La señora deja el cargo acusada de hostigamiento laboral y de tener una predilección especial por humillar al personal de la embajada. “Si yo te digo que te arrodilles tú te arrodillas”, es la frase que le han adjudicado para describirla personas conocedoras de los entretelones de la diplomacia mexicana como Martha Bárcena. Nada se habría sabido si la inminente llegada de Alejandro Gertz a esa embajada no hubiera acabado con la beca, concedida por Andrés Manuel López Obrador, de doña Josefa. El asunto preocupa porque podría ser tendencia. Hace un año desapareció del mapa político, justo por las mismas acusaciones, quien fuera brazo derecho del Canciller y cónsul en Nueva York. Hace unas semanas había una queja creciente por el retraso en el pago de salarios al personal diplomático mexicano. La reflexión es obligada: Si no está al frente de la revisión del T-MEC ni de la relación con Estados Unidos, y no lo está, pero tampoco está pendiente del pago a sus cónsules, ni de la conducta de sus embajadores, ¿Qué hace entonces Juan Ramón de la Fuente?