Salud mental en adolescentes: En América Latina, la depresión está entre las principales causas de años vividos con discapacidad
En América Latina y el Caribe, la depresión y la ansiedad se ubican entre las cinco principales causas de años vividos con discapacidad para este grupo.
Foto especial: Ideogram
Los organismos internacionales han documentado cifras precisas sobre la salud mental en la adolescencia. A nivel global, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que uno de cada siete jóvenes entre 10 y 19 años —aproximadamente el 14%— experimenta una condición de salud mental. Este dato posiciona los problemas psicológicos como una de las principales amenazas al bienestar en esta etapa.
En el contexto regional, las estadísticas muestran mayor gravedad. La OPS reporta que, en América Latina y el Caribe, la depresión y la ansiedad se ubican entre las cinco principales causas de años vividos con discapacidad para este grupo. Además, el suicidio representa ya la tercera causa de muerte entre personas de 15 a 29 años. Estos números confirman una tendencia que requiere atención prioritaria en políticas de salud pública.
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Datos específicos sobre trastornos comunes en jóvenes
Según los reportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), algunos trastornos presentan prevalencias específicas:
Trastornos de ansiedad: Afectan al 4.1% de adolescentes de 10 a 14 años y al 5.3% de los de 15 a 19 años a nivel mundial. Se manifiestan como crisis de angustia o preocupación excesiva.
Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH): Presente en el 2.7% de jóvenes de 10 a 14 años y en el 2.2% de los de 15 a 19 años. Involucra dificultad para mantener atención, exceso de actividad y conductas impulsivas.
La OMS también documenta la presencia de otros trastornos emocionales, del comportamiento, de conducta alimentaria, y el trastorno de comportamiento disocial, caracterizado por conductas destructivas o desafiantes.
Factores que aumentan el riesgo para la salud mental adolescente
La evidencia científica identifica varios elementos que pueden comprometer el bienestar emocional de los jóvenes. La OMS señala que “cuantos más factores de riesgo estén presentes, mayores serán los efectos en la salud mental”. Entre los más documentados se encuentran:
- Factores sociales: Acoso escolar, presión por normas de género rígidas, influencia de medios de comunicación, y disparidad entre aspiraciones y realidad.
- Factores ambientales: Violencia (especialmente sexual), crianza severa, problemas socioeconómicos graves y conflictos familiares constantes.
- Factores personales: Experiencias traumáticas, dificultades en las relaciones interpersonales y problemas de identidad durante esta etapa de desarrollo.
El organismo enfatiza que “la influencia de los medios de comunicación y la imposición de normas de género pueden acentuar la disparidad entre la realidad que viven los adolescentes y sus percepciones o aspiraciones de futuro”.
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Señales y manifestaciones documentadas en reportes oficiales
Los informes internacionales describen manifestaciones observables que pueden indicar problemas de salud mental:
Cambios emocionales persistentes: Irritabilidad, tristeza prolongada, expresiones de desesperanza o pérdida de interés en actividades habituales.
Alteraciones conductuales significativas: Aislamiento social repentino, descenso en el rendimiento académico, cambios en patrones de sueño o alimentación, y conductas de autolesión.
Señales que requieren atención inmediata: Comentarios sobre muerte o suicidio, búsqueda de métodos para autolesionarse, y despedidas inusuales a seres queridos.
Abordaje basado en evidencia: lo que muestran los datos
Las recomendaciones internacionales se fundamentan en intervenciones con respaldo científico:
- Detección temprana: Monitoreo de cambios conductuales y atención a señales de alerta específicas.
- Acceso a servicios especializados: Derivación a profesionales en salud mental adolescente al identificar casos de riesgo.
- Creación de entornos protectores: Escuelas seguras, programas contra el acoso y reducción del estigma.
- Intervenciones documentadas como efectivas: Terapia cognitivo-conductual, apoyo psicosocial y seguimiento de casos.
Los datos confirman que muchos trastornos que comienzan en la adolescencia pueden persistir en la adultez sin intervención adecuada, lo que subraya la importancia de la atención temprana.
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