Alejandro Moreno: la voz que no se resigna

23 de Enero de 2026

Jose Luis Camacho
Jose Luis Camacho

Alejandro Moreno: la voz que no se resigna

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En tiempos donde el silencio se ha vuelto cómodo y la simulación rentable, levantar la voz es, por sí mismo, un acto de valentía. En el escenario político mexicano, marcado por la concentración del poder, la descalificación sistemática del disenso y el debilitamiento de las instituciones, Alejandro Moreno Cárdenas ha asumido un papel que pocos están dispuestos a cargar: el de encabezar una oposición frontal, clara y sin ambigüedades frente al proyecto de destrucción institucional que ha significado Morena.

No se trata solo de un liderazgo partidista. Se trata de una postura política y ética. Mientras muchos optaron por acomodarse, negociar en lo oscuro o simplemente desaparecer del debate público, Moreno decidió confrontar, argumentar y señalar lo que millones de ciudadanos viven todos los días: un país más inseguro, más pobre, más polarizado y con un Estado cada vez más incapaz de cumplir sus funciones básicas.

Su discurso ha sido consistente: defender la democracia, los contrapesos, la autonomía de las instituciones y el derecho de los mexicanos a vivir sin miedo. En un contexto donde el poder se ejerce desde la narrativa y la propaganda, él ha apostado por la política real: la que incomoda, la que cuestiona, la que no se deja intimidar por el aparato del Estado ni por las campañas de linchamiento mediático.

Alejandro Moreno ha entendido algo esencial: que la oposición no está para agradar al gobierno, sino para representar a la sociedad que ya no se siente escuchada. Su voz conecta con la de los padres que temen por la seguridad de sus hijos, con los empresarios asfixiados por la incertidumbre, con los trabajadores que ven erosionado su ingreso, con los jóvenes que heredan un país sin rumbo claro.

Frente al discurso triunfalista de Morena, que insiste en pintar un México ficticio, “Alito” ha puesto sobre la mesa los datos duros: récords históricos de homicidios, deterioro de los servicios de salud, colapso de la política energética, debilitamiento del sistema electoral y una economía que sobrevive más por inercia que por estrategia gubernamental. Decirlo en voz alta tiene costos. Y asumirlos también es parte del liderazgo.

En una democracia sana, la oposición no es enemiga del país; es una condición indispensable para su equilibrio. Alejandro Moreno ha asumido ese rol con coherencia, con firmeza y con una visión de largo plazo. No desde la nostalgia, sino desde la convicción de que México merece algo mejor que la improvisación, el autoritarismo disfrazado de popularidad y el uso faccioso del poder.

Hoy, cuando muchos prefieren la comodidad del silencio, su postura representa a millones que no están dispuestos a resignarse. Porque la verdadera política no es aplaudir al poder, sino ponerle límites. Y en ese terreno, Alejandro Moreno ha demostrado que aún hay voces que no se venden, no se doblan y no se callan.

@jlcamach