Crece la crisis existencial entre los jóvenes

21 de Agosto de 2026

Crece la crisis existencial entre los jóvenes

simon vargas
“No siempre podemos construir el futuro para nuestra juventud, pero sí podemos construir a nuestra juventud para el futuro.”
Franklin D. Roosevelt

El pasado 12 de agosto, en el marco del Día Internacional de la Juventud, se presentó en el Centro de Cultura Digital de la Ciudad de México el informe Jóvenes en México 2026, elaborado por el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica (OJI) y sus hallazgos son el reflejo de una generación que, pese a su preparación, siente cada vez más un vacío de pertenencia, orientación y futuro.

Uno de los datos más reveladores es que el 14.3% de las personas de 15 a 29 años se encuentra fuera de la escuela y del empleo, no se trata únicamente de los llamados “ninis”, sino de un fenómeno más profundo, una desconexión de los espacios que históricamente ayudaban a dar estructura a la vida adulta, lo que sin duda se ve reflejado en el presente y lo hará en un futuro.

Por otro lado, tristemente entre quienes sí estudian, una proporción significativa considera que lo aprendido les sirve poco para el mundo laboral, incluso el 42.2% afirma que lo que se imparte en las aulas no resulta interesante, y la precariedad del empleo juvenil con una informalidad cercana al 60%, y salarios de uno o dos mínimos para la mayoría, confirma esa percepción de poca utilidad práctica.

El tema con respecto a la educación es importante, pero habrá que indagar más allá, ya que el 38.7% de los encuestados dijo que “no se halla en ningún lugar” y esa expresión, según el estudio, “sintetiza muy bien esa sensación de no pertenencia a algún espacio de convivencia social”; además menciona que “prácticamente, cuatro de cada diez jóvenes han experimentado este proceso que hemos denominado de desafiliación de las instituciones o espacios que deberían acogerlos ante los problemas que se les presentan”, es así que la escuela, el trabajo, e incluso en algunos casos la familia o las relaciones afectivas, dejan de funcionar como anclas.

¿Cuál es el resultado? una generación que se encuentra entre la ansiedad, el estrés, la soledad y el temor al futuro. Esta sensación se refleja también en las condiciones de vida, alrededor del 80% de los jóvenes se declara soltero y el 76% aún vive con su familia de origen. Solo un 8% ha logrado una independencia residencial plena, es así que incluso la autonomía se pospone; no porque los jóvenes carezcan de voluntad, sino porque el mercado laboral, el acceso a la vivienda y las redes de apoyo institucional no ofrecen las condiciones materiales para sostenerla. La familia permanece como el principal refugio, y eso es valioso, pero también como el espacio donde se concentra la postergación de proyectos propios.

La paradoja es dolorosa porque se trata de una de las generaciones más preparadas en términos de escolaridad formal, y sin embargo enfrenta un futuro más incierto. Los datos internacionales confirman que el problema no es exclusivo de México, de acuerdo con información de la Organización de las Naciones Unidas, los jóvenes continúan siendo los más afectados por la crisis del empleo, también según el informe Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026, la cifra se sitúa en alrededor de 67 millones de jóvenes desempleados.

¿De qué forma ayudarlos? La respuesta es compleja pero se deben brindar oportunidades reales, lo que significa que más que discursos sobre “el futuro de México” hay que trabajar en políticas de empleo digno y formación pertinente, acompañamiento educativo que no abandone a quienes se rezagan, apoyo a la autonomía residencial, espacios de participación que no sean meros escenarios de propaganda, y una sociedad civil y un gobierno que miren a los jóvenes no como un problema a administrar ni como un botín electoral, sino como sujetos de derechos y de futuro.

Significa, también, reconocer que la ansiedad, el miedo y la sensación de no hallarse en ningún lugar no se resuelven con diagnósticos individualizantes, sino con la reconstrucción de vínculos e instituciones capaces de sostener trayectorias de vida.
La pregunta que plantea el título de esta columna no admite una respuesta sencilla, hay múltiples indicios de una crisis existencial, pero no porque los jóvenes sean frágiles, sino porque el entorno que les tocó habitar les niega, de manera sistemática, las condiciones para construir pertenencia y proyecto.