El viraje continental y el destino de la transformación

21 de Agosto de 2026

El viraje continental y el destino de la transformación

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Pablo Trejo Pérez

Cuando analizo la evolución política de América Latina en los últimos años, veo una transformación profunda e inquietante. Aquel ciclo de triunfos populares que trajo esperanza a millones de familias ha sido desplazado por una ola conservadora de gran alcance. Hoy, la derecha gobierna mayoritariamente en la región, mientras que el pensamiento progresista se mantiene al frente de solo dos naciones con peso determinante: México y Brasil.

La reciente llegada a la presidencia de posturas de mano dura en Colombia con Abelardo de la Espriella y en Perú con Keiko Fujimori, confirma este rumbo. Sus agendas, enfocadas en el recorte de la presencia social del Estado y en el alineamiento con intereses extranjeros, se articulan con los modelos de Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia.

Este cambio de rumbo responde a una estrategia regional articulada. Las fuerzas conservadoras supieron capitalizar el desencanto generado por el estancamiento económico, la inseguridad y las promesas incumplidas de gestiones anteriores. Mediante un uso intensivo de las redes sociales, construyeron narrativas centradas en el orden rígido y el libre mercado como soluciones mágicas frente a problemas complejos.

Sin embargo, el momento decisivo de esta disputa ideológica se vivirá el próximo 4 de octubre en Brasil. Cerca de 158 millones de ciudadanos decidirán en las urnas si respaldan a Luiz Inácio Lula da Silva para un nuevo periodo o si permiten el retorno del bolsonarismo. Las mediciones prevén una contienda sumamente equilibrada. Lo que se votará en Brasil afectará de manera directa el equilibrio de fuerzas en todo el continente.
De confirmarse un triunfo de la derecha en territorio brasileño, México pasará a ser el único referente de peso con una visión social en América Latina.

Ante este escenario, me planteo una reflexión necesaria: ¿tenemos la capacidad para sostener un proyecto soberano en un entorno predominantemente adverso? La presidenta Claudia Sheinbaum encabeza un gobierno que representa un bastión de justicia social. Sin embargo, sostengo que ocupar esa posición de vanguardia implica un nivel de exigencia mucho mayor frente a las presiones diplomáticas y financieras que inevitablemente se intensificarán desde el exterior.

Esta presión internacional no será únicamente de carácter formal o diplomático; se manifestará en campañas mediáticas coordinadas, en fluctuaciones de mercados y en cuestionamientos permanentes a la soberanía energética y económica de nuestra patria. Las fuerzas globales buscarán presentar a nuestro país como una excepción incómoda en una región alineada con los grandes capitales.

En el ámbito interno, observo un desafío crucial. Por un lado, destacan conquistas históricas como los aumentos salariales, las pensiones universales y las becas para la juventud. Por el otro lado, se percibe el malestar ciudadano ante la persistencia de la delincuencia, la burocracia y la lentitud en la atención gubernamental. Cuando el Estado falla en solucionar estas demandas básicas, la derecha encuentra el terreno fértil para promover sus discursos.

Por esta razón, estoy convencido de que los gobiernos populares tienen la obligación de escuchar con mayor atención e intensidad a toda la ciudadanía, sin distinción de ideologías. Se requiere atender a la gente de a pie que vive la realidad cotidiana en las calles, en las aulas, en los comercios y en las zonas rurales. Los proyectos de cambio solo se consolidan cuando mantienen una conexión abierta y transparente con la sociedad entera.

El futuro inmediato exigirá de nosotros algo más que retórica. Nos exige demostrar con hechos que es posible garantizar seguridad con respeto a los derechos humanos, salud universal de calidad, salarios dignos y una democracia participativa. La verdadera amenaza para la transformación no se encuentra en el extranjero; se halla en el aislamiento institucional y en la complacencia de quienes olvidan el origen popular de este movimiento.

El resultado de la elección en Brasil marcará el mapa político de los próximos años. Ya sea en un escenario de acompañamiento o de soledad continental, nuestro compromiso debe ser claro: mantener la cercanía con el pueblo, actuar con autocontrol democrático y defender la soberanía con resultados concretos.

* Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco

X: @PabloTrejoizt