Crecer desde el principio

13 de Agosto de 2026

Crecer desde el principio

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México enfrenta una realidad fiscal compleja: una población que envejece rápidamente, necesidades crecientes de atención, compromisos importantes de gasto y recursos limitados. En este contexto, la discusión no puede ser solamente cuánto más debemos gastar, sino dónde los recursos públicos generan mayor valor.

Comencemos desde el principio: la primera infancia. En 2025, México destinó a esta etapa recursos equivalentes al 0.6% del PIB. Al mismo tiempo, 41.9% de las niñas y los niños en primera infancia vivían en situación de pobreza en 2024. Estas cifras muestran una brecha importante, pero la razón para priorizar los primeros años de vida no se limita a la magnitud de las necesidades. Es, ante todo, una cuestión de derechos y desarrollo; pero también es una decisión económica.

La capacidad de una economía para crecer depende de la acumulación de factores productivos y de su productividad, así como del capital humano, pues las capacidades de las personas también importan para explicar las posibilidades de crecimiento de una economía. ¿Y cuándo comenzamos a desarrollar esas capacidades? En la primera infancia.
Las niñas y los niños no son únicamente capital humano futuro, son personas en el presente, titulares de derechos, por lo que, garantizar las condiciones para su desarrollo pleno es una responsabilidad pública. Invertir durante los primeros años contribuye a su bienestar y al ejercicio de sus derechos hoy y, al mismo tiempo, favorece su desarrollo cognitivo, socioemocional y físico.

También permite actuar antes de que las desigualdades se acumulen y sea más difícil y costoso revertirlas. La evidencia internacional sobre educación preprimaria reporta razones beneficio-costo que van de 1.7 a 14.2. Por lo tanto, garantizar derechos y bienestar en el presente y construye capacidades que contribuyen al desarrollo futuro.

El reto es convertir esta prioridad en decisiones presupuestarias concretas. Podríamos comenzar por expandir la educación inicial. Hoy, menos de 4% de las niñas y los niños menores de tres años tienen cobertura de educación inicial, según el plan sectorial de educación 2025-2030. Hacerlo no significa simplemente abrir más espacios, sino identificar las mayores brechas, considerando pobreza, ruralidad y población indígena, afrodescendientes y discapacidad; conocer la infraestructura y oferta de cuidados disponible; definir las modalidades adecuadas para cada territorio y establecer metas progresivas con costos identificables.

Entonces aparece la pregunta inevitable ¿Cómo lo financiamos? Una primera vía es crear espacio fiscal reordenando prioridades. Esto es, revisar programas, subsidios y beneficios fiscales, identificar recursos de menor rendimiento y reasignarlos hacia intervenciones que generen mayores beneficios sociales y económicos. No se trata de gastar más por definición, sino de gastar mejor.

Además, la primera infancia no debería competir recurrentemente por recursos en cada presupuesto anual. Una estrategia de expansión requiere una presupuestación plurianual de financiamiento, que establezca metas, anticipe costos y proteja progresivamente los recursos necesarios para alcanzarlas.

Una segunda vía sería incorporar una ventana específica de primera infancia dentro de los Bonos ODS de México. La arquitectura de financiamiento sostenible existente podría vincular recursos con la expansión de la educación inicial y asociarlos con indicadores verificables de cobertura, calidad y población atendida. Sin embargo, se debe reconocer que un Bono ODS no crea espacio fiscal; sigue siendo deuda. Por ello, no sustituye una fuente permanente de financiamiento, pero puede complementar la estrategia y fortalecer la trazabilidad entre los recursos asignados y sus resultados.

El limitado espacio fiscal y las restricciones políticas nos obligan a elegir. Y el presupuesto revela, finalmente, qué derechos, necesidades e inversiones decidimos priorizar. Si queremos garantizar los derechos de niñas y niños, reducir desigualdades desde el comienzo de la vida y construir las capacidades que sostendrán nuestro desarrollo futuro, la política fiscal también debe mirar hacia el inicio. Para crecer como país, tenemos que crecer desde el principio, desde la primera infancia.