Ante los acontecimientos que están ocurriendo en distintas partes del mundo y que se extienden a varios países con protestas iniciadas por los jóvenes y secundadas por profesores y por la población en general, la pregunta que surge es si estamos frente a un posible cambio de modelo de desarrollo, ante la imposibilidad de prosperar que millares de ciudadanos confirman día a día en todo el mundo, sobre todo los jóvenes que, por su edad, todavía no alcanzan la categoría de ciudadanos según la ley, como ocurre en Francia.
El llamado estado de bienestar que supuestamente, según algunos de sus defensores, pudo domar al capitalismo salvaje y poner al alcance de la mano varias oportunidades para tener una vida tranquila y asegurada, parece estar haciendo agua. La llamada “generación Z” no está conforme y está protestando, como lo muestran varios ejemplos que han aparecido en los medios de difusión.
Quizás podamos marcar como punto de partida lo que ocurrió en la India, donde un problema con el acceso a la universidad de miles de ciudadanos, más un error garrafal del gobierno, cuyo responsable de educación llamó cucarachas a los manifestantes, se convirtieron en la gota que derramó el vaso. Los manifestantes se constituyeron entonces en el “partido de las cucarachas”, que ha tenido un éxito tremendo y ha provocado la dimisión del ministro que así los calificó. En el fondo, las demandas rebasan el marco universitario y se refieren también a la corrupción y a la falta de oportunidades.
Pero de la India el fenómeno ha saltado a Europa, pasando por China donde ha surgido un movimiento denominado “tang ping”, que traducido literalmente significa “estar acostado”, debido a que los jóvenes no encuentran, en el sistema dirigido por el férreamente por el gobierno, espacio para mejorar su calidad de vida y prosperar.
Hablando de Europa, Francia ha sido el epicentro de estos movimientos estudiantiles, que, iniciados en una escuela secundaria, han derivado en batallas campales y en una represión violenta por parte del gobierno, lo que podría hacer caer a la llamada V República. Las demandas, en su origen, eran a mi juicio sencillas de atender en una nación como Francia: reducir el número de estudiantes por salón, mejorar la infraestructura de los planteles y aumentar los salarios de los profesores.
En España también los jóvenes han salido a las calles a protestar, porque sienten que ya no basta con el esfuerzo de estudiar para tener un mejor nivel de vida, sobre todo tomando en cuenta el tema de la vivienda, que en ese país se ha vuelto un verdadero dolor de cabeza ante la imposibilidad de miles de jóvenes de estar en condiciones de acceder a una.
Y así podríamos seguir mencionando lo que está sucediendo en muchos lugares del mundo con las protestas de los jóvenes, que lo único que buscan es poder prosperar y tener las condiciones de vida mínimas del llamado estado de bienestar.
Poco a poco, muchos se están dando cuenta de que el problema es muy profundo y de difícil solución porque, entre otras cosas, requiere recursos cuantiosos que en la actualidad no tienen muchos países, empezando por los europeos, cuyas deudas públicas se acercan o sobrepasan el 100% de su producto interno bruto.
Lo peor es que, sin duda, nunca antes habíamos tenido tanta capacidad tecnológica para mejorar las condiciones de vida y, sin embargo, existen dudas y preocupaciones sobre el futuro de los jóvenes, quienes lo sienten amenazado.
Varios estudiosos señalan que se trata de una repetición de los movimientos de 1968, pero creo que aquello buscaba principalmente la democratización de la vida pública, mientras que los de ahora luchan por la sobrevivencia y por tener un verdadero estado de bienestar, que en muchos países está desapareciendo.