La complicidad de Donald Trump con el criminal de guerra Vladimir Putin marca un viraje histórico en la política exterior de la posguerra de Estados Unidos. En medio de la etapa más sangrienta de la guerra de agresión iniciada por Putin con la invasión de Ucrania hace casi cinco años, prometiendo “borrarla de la faz de la tierra en tres días”, en las dos últimas semanas Trump ha tomado una serie de acciones favorables a Rusia: compró diésel en violación de las sanciones vigentes; suspendió aranceles punitivos a las importaciones de petróleo ruso; impuso restricciones en la conectividad por satélite de Starlink sobre Ucrania y bloqueó la transferencia de misiles interceptores Patriot. Por primera, un presidente estadounidense se puso del lado del enemigo existencial de Estados Unidos. “Sencillamente no existe un precedente en el que Estados Unidos haya cambiado de bando en un conflicto así”, declaró el internacionalista Richard Haass al The New York Times. “Resulta inédita la decisión de penalizar a la víctima de la invasión—Ucrania—, al tiempo que se recompensa al agresor”.
El gobierno de Claudia Shainbaum se mantiene indiferente como si lo que sucede afuera de México no le afecta, fiel a su conocida política exterior del avestruz. No sorprendería que viera con simpatía la alianza de Trump-Putin contra Volodmymyr Zelensky. Trump se dice “mediador neutral” en el conflicto en consonancia con la “neutralidad” prorrusa de México. Su administración, como la de Sheinbaum, no firmó la petición de 51 países de un cese la fuego incondicional y de la retirada inmediata de las tropas invasoras de Ucrania. “Lo que está en juego en Ucrania es mucho más grande que el destino de una nación. La guerra es una prueba de si la expansión autoritaria puede triunfar mediante la fuerza militar en el siglo XXI, o si Occidente puede unirse para proteger la democracia y las vidas inocentes”, señaló The New York en editorial de la casa. Demasiado cerebral para la pequeñez de la política exterior mexicana.
Trump culpa por la guerra a Zelenski, a Joe Biden, a Barack Obama, a Europa y a la OTAN, pero jamás a Putin. Encorajinado por el desplome de su popularidad de cara a las elecciones intermedias, culpa el alza del diésel a los exitosos ataques ucranianos contra las refinerías rusas, monumental falacia factualmente desmentida. No quiere admitir que es su desastrosa guerra contra Irán la causa principal. “Trump utiliza a Ucrania como chivo expiatorio de los elevados precios de la energía que son consecuencia de su guerra en Irán”, dijo la senadora demócrata Jeanne Shaheen. “El presidente está en la cama con nuestros enemigos”, espetó el senador Chris Murphy. Zelensky tachó de “inaceptable e injusto” responsabilizarlo a él, en lugar de a Putin, de todos los problemas. “Como jefe de Estado, me están volviendo un objetivo”, advirtió.
La meta del nuevo “eje del mal” es aniquilar la capacidad de defensa de Ucrania y obliterar su sistema eléctrico para poder matar a más civiles en el invierno. En un adalid de ataques personales, Trump acusó a Zelensky de “tirano” y pidió su reemplazo. El presidente ucraniano llamó “error histórico” y “tragedia” su complicidad con Putin y lo acusó de tener “afinidad instintiva” por los autócratas. Los europeos aconsejaron a Zelensky no engancharse con Trump, que ya se le pasará después de las elecciones en las que se presagia la derrota de los republicanos.
Es prerrogativa del poder ejecutivo conducir la política exterior, pero corresponde al Congreso decidir el gasto público. De ganar, se espera que la mayoría demócrata use ese poder para presionar a Trump. Con todo, mientras ocupe la presidencia, seguirá distanciando a Estados Unidos de la arquitectura de seguridad Occidental emanada de la Segunda Guerra Mundial y divorciándose de Europa. Putin ha aprovechado la debilidad y división de Occidente para escalar su campaña de ataques y sabotajes terroristas contra Europa.
Cuando Trump llegó por segunda vez a la Casa Blanca, las democracias liberales occidentales perdieron a un aliado. Trump desprecia a Zelensky desde que se negó a ser parte de sus patrañas contra los Biden, mientras profesa una enfervorizada devoción por Putin. Pero alinear estratégicamente a Estados Unidos con Rusia es una enorme carga para cualquier presidente y más para un octogenario con visible desgaste mental. Zelensky ha dicho que es “muy difícil” ganar la guerra sin el respaldo de Estados Unidos, pero Trump no es Estados Unidos. La opinión pública estadounidense está con Ucrania y en contra de Putin. El heroico pueblo ucraniano lleva décadas resistiendo al agresor. No va a rendirse. Rechaza vivir bajo el yugo de un execrable asesino de niños y violador de mujeres, independientemente de la ruina moral de Trump. El amor y la esperanza son infinitamente más poderosos que el odio y la furia.
@DoliaEstevez