Thinkfluencer

26 de Octubre de 2026

Thinkfluencer

Carlos Celis Estrada_WEB.jpg

A los periodistas de la vieja escuela suelen culparnos de ser recelosos con nuestra información. Si le preguntan a cualquier chico, probablemente les dirá que nos creemos mejores, que pensamos que lo descubrimos todo y que por eso nos sentimos dueños de nuestros supuestos descubrimientos. Que hacemos “gatekeeping” con la información, porque nos da miedo perder exclusividad, autoridad o propiedad sobre lo que ocurre en el mundo, y eso nos acerca a la irrelevancia.

No estoy de acuerdo del todo. Sí existe ese tipo de persona, pero no solamente dentro de los medios de comunicación. Aquel que escuchó a tal banda “cuando nadie los conocía”, o que conoció el trabajo de equis director de cine “antes de que se volviera famoso”, o que ya hacía tal cosa “cuando no estaba de moda”. Ejemplos hay muchos.

Pero también estamos aquellos que nos fijamos en otro tipo de tendencias y nos entusiasma genuinamente compartirlas con los demás. Y no porque queramos ser los primeros en hablar de un tema, sino porque simplemente hay cosas que nos parecen urgentes y que consideramos que aún no se habla de ello en nuestro país. Incluso, cuando esos temas no son agradables para la mayoría y nos enfrentamos a la falta de interés o a ser tildados de “incómodos”.

Pondré como ejemplo un tema sensible. Recientemente, hubo avances en el caso en contra del festival de música Axe Ceremonia en el Parque Bicentenario, donde murieron los periodistas Miguel Ángel Rojas y Berenice Giles, apenas el año pasado. Esta es una noticia que debería motivarnos a todos los que nos dedicamos a esta profesión, pero lo que me encuentro en redes sociales son reclamos de activistas y del público en general que acusan a los medios de no darle una cobertura más amplia.

¿Pero cuánta cobertura es suficiente cobertura? Escojan un tema: Netflix, el festival de Morelia, Guillermo del Toro, el antisionismo, el anunciado fracaso económico de Alejandro González Iñárritu… parece que la agenda se repite cada año.Y no se trata de hacer alarde de quién sí lo dice, cuándo lo dice o quién lo dijo primero. Yo viví una de mis primeras experiencias de funa en 2017, cuando ya denunciaba en medios de comunicación las muchas irregularidades del festival Ceremonia, pero entonces nadie hizo nada y, por el contrario, fui atacado en redes sociales por atreverme a señalarlo, incluso, por miembros de esa empresa y por otros comunicadores.

La gente no está lista para escuchar lo que no quiere escuchar. En 2022, me invitaron a colaborar con el podcast de Perfecta Disco Spandex, un proyecto dedicado a la música de baile pero enfocado en temas de justicia social. Ahí ya hablábamos del 1%, el ascenso de la ultraderecha, gentrificación, inteligencia artificial, derechos de la comunidad trans, el cierre de lugares, el alto costo de vida en la ciudad con la llegada de los extranjeros y cómo todo eso se refleja en la oferta de entretenimiento. La mezcla resultó demasiado extraña para quienes solamente buscaban un dj set.

Pero hoy se han puesto de moda los thinkfluencers, y todo aquello que antes provocaba incomodidad finalmente se ha vuelto popular en las redes sociales. El thinkfluencing son las nuevas gafas de intelectual. Nada se ve mejor para tu branding personal que utilizar tu plataforma para hablar de temas importantes, pero cuidando la estética ante todo. Es por eso que ahora, al entrar a TikTok o Instagram, se van a encontrar con un sinfín de videos dedicados a explicar los temas más complejos, pero siempre con un rostro amigable, buen sentido de la moda y excelente iluminación.