De la caja, el cajón y la transmisión

30 de Octubre de 2026

De la caja, el cajón y la transmisión

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Rodrigo Ponce de León Treviño

Desde niños sentimos atracción por las cajas. Cuantas veces no hicimos a un lado el juguete prometido en épocas navideñas o en el festejo cumpleañero de algún viandante espontáneo que atravesara nuestra vida social, ante la alarma de los padres que seguramente habían hecho algún tipo de sacrificio económico para conseguir el regalito…

Luego en la niñez madura evolucionamos -cual vil Pokemón- para echarle el ojo a los cajones. Esos que servían de una o de otra manera para emboscar al amigo y lanzarlo escalera abajo mientras aprendíamos las consecuencias de las dinámicas sobre los cuerpos en movimiento, y finalmente para los que decidimos dedicar nuestro quehacer al mundo automotriz, nos llegaron las cajas de verdad: Las transmisiones automotrices.

Y con esas no se juega, se convive. Porque finalmente la transmisión acoplada a un motor, es la que nos permite la optimización de las potencias entregadas por el bloque hacia el eje -sea trasero o delantero- pero eso es para otra columna. Todas las transmisiones o cajas de cambio se dividen esencialmente en dos grandes grupos: manuales y automáticas.

Y si bien es cierto que no vamos a hacer de esta una columna técnica, sí se debe aclarar que existen cajas funcionales -no como las que le agarraron a la Taddei y su enamorado proveedor- baste con saber que las manuales, con el aderezo que gusten ponerle para suavizar los cambios, dependen de un clutch que desengarza momentáneamente la potencia para permitir el cambio, y lo reconecta justo para no perder el torque adquirido, el empuje pues.

En tanto que las automáticas -mucho más complejas en su interior- han evolucionado en modelos de 4, 5, 6 y hasta 12 velocidades y en diferentes formatos como la DSG -de doble embrague-, la querida y odiada CTV; la IVT que es mas o menos lo mismo pero más afinadito y hasta acá han llegado los empujes mercadológicos con la “Transmisión dedicada” de algunos autos chinos.

Lo cierto es que, ante tanto ruido comunicativo y el creciente desinterés de los usuarios y usuarios potenciales, lo que se debe de entender es algo específico: cada transmisión favorece a un tipo de manejo y a un consumo optimizado. No me atrevería a recomendar alguna por una razón muy simple: hubo a quienes nos divertía más la caja que el juguete, hubo también quienes no disfrutaban del ejemplo del lanzamiento empírico en el cajón por la escalera, mientras que habíamos muchísimos que disfrutábamos la carrera de avalanchas confeccionadas en el garaje de la casa con huacales del mercado: era divertido.

El placer de conducir es una experiencia personal que no puede ni debe encasillarse bajo un solo concepto. Habemos quienes amamos una buena transmisión manual de seis velocidades, pero disfrutamos el manejo de una DSG que responde “bien y bonito”, en tanto que habrá por ahí quien alucine la transmisión manual por el simple hecho de batallar con el clutch.