Hay políticos que llegan a la presidencia del Senado como quien sube a un ring. Higinio Martínez Miranda llegó como llegan los médicos a una casa con un enfermo: sin prisa, escuchando primero, con la convicción de que antes de recetar hay que entender qué le duele al paciente.
El 31 de agosto de 2026, el pleno lo eligió presidente de la Mesa Directiva con 116 votos de 117 senadores presentes. En un país donde la Cámara alta se ha acostumbrado a los gritos, que casi todas las bancadas —mayoría y oposición— coincidieran en un nombre ya dice algo. Lleva apenas dos meses en el cargo, y es justo reconocer lo que ese breve tiempo ha dejado ver.
Higinio nació en Texcoco en 1956 y se formó como médico cirujano en la UNAM. La política lo fue alejando del consultorio, pero no del trato directo con la gente: fue dos veces presidente municipal de su tierra, diputado local en tres ocasiones y llegó por primera vez al Senado en 1998. Cinco décadas de trayectoria, casi todas construidas desde la izquierda y desde abajo.
Lo que más dice de él, sin embargo, es una derrota. En 2022 buscó presidir el Senado y perdió la votación interna de su bancada, 36 a 28. No rompió, no se fue, no hizo berrinche público. Esperó cuatro años, volvió a levantar la mano y esta vez su grupo lo respaldó por unanimidad. Hay una lección de temple ahí que nuestra vida pública suele olvidar.
Al rendir protesta, Higinio se definió como un creyente del diálogo entre contrarios. No es una frase menor viniendo de un morenista de toda la vida, en vísperas de una elección intermedia. Prometió que en la tribuna todas y todos podrían expresarse con libertad, y que la Mesa Directiva no se dedicaría a juzgar ni calificar lo que dicen los legisladores.
La diferencia se notó pronto. Tras su elección, la propia oposición reconoció que su conducción contrastaba con la de anteriores. Incluso Lilly Téllez, una de las voces más duras contra Morena, contó que Higinio se comprometió con ella a respetar las reglas y no quitarle la palabra.
La Mesa que encabeza también es un mensaje: entre sus vicepresidentes están Mauricio Vila, del PAN, y Jorge Carlos Ramírez Marín, del PVEM, y las secretarías se repartieron entre seis fuerzas políticas. Presidir el Senado no es ganar debates; es garantizar que el debate exista.
El médico no se ha ido del todo. A mediados de octubre, cuando los problemas en el IMSS ya eran reconocidos incluso por la presidenta Sheinbaum, Higinio propuso abrir un diálogo directo con los titulares del IMSS, el IMSS-Bienestar, la Secretaría de Salud y el ISSSTE, y no descartó llamarlos a comparecer. Poner la salud en la agenda del Senado, aunque incomode al propio gobierno, es entender para qué sirve una Cámara.
Esta misma semana, en entrevista radiofónica, habló de un paquete de reformas anticorrupción que el Senado se prepara para recibir, de las fallas históricas en la fiscalización del dinero público y de endurecer sanciones a servidores públicos. Y ante posibles irregularidades dentro de la propia Cámara, su respuesta fue la de alguien que conoce los límites de su cargo: actuará conforme a la ley y a los hechos, sin adelantar juicios.
Algo ya quedó claro. En tiempos en que la política mexicana premia al que grita más fuerte, Higinio Martínez ha apostado por algo más difícil y menos vistoso: escuchar, moderar y dejar hablar incluso a quien piensa distinto. Defiende a su partido, sí, pero entiende que desde la presidencia del Senado se representa a los 128 escaños, no a una bancada.
El médico de Texcoco sabe que un cuerpo enfermo no se cura a gritos. Quizá nuestra vida pública tampoco.
@jlcamachov