Destruir la democracia en nombre del “ahorro”: ¿Adiós Pluris?

30 de Enero de 2026

Juan Pablo Beltrán
Juan Pablo Beltrán

Destruir la democracia en nombre del “ahorro”: ¿Adiós Pluris?

Juan Pablo Beltrán-

La democracia mexicana no nació perfecta. Costó décadas construirla. Costó reformas, movilizaciones, acuerdos incómodos y la convicción de mujeres y hombres que entendieron que la libertad no se hereda: se defiende. Hoy, en nombre de una falsa austeridad y de una mayoría circunstancial, se pretende desmontarla pieza por pieza.

La propuesta de desaparecer la representación proporcional no es un ajuste técnico ni una modernización del sistema electoral. Es un punto de quiebre. Es una decisión profundamente política con un objetivo claro: concentrar el poder.

La pregunta es simple y brutal: ¿quién gana cuando se silencia a las minorías? La respuesta también lo es: el gobierno en turno. Gana quien ya controla el aparato del Estado, quien gobierna sin contrapesos y quien convierte una mayoría electoral en hegemonía política. La representación proporcional no estorba al poder; estorba a quien quiere ejercerlo sin límites.

Durante décadas, México vivió bajo un sistema de partido hegemónico. La oposición existía en los márgenes y la alternancia parecía imposible. Por eso, la transición democrática no fue un accidente: fue una construcción deliberada.

Paradójicamente, fue el propio partido en el poder quien impulsó reformas electorales clave: el reconocimiento de la oposición, la apertura del Congreso y la incorporación de la representación proporcional. No por altruismo, sino por visión de Estado. Entendieron algo fundamental: sin contrapesos no hay estabilidad; sin pluralidad no hay legitimidad.

Hoy enfrentamos un retroceso real. No solo simbólico, sino técnico y jurídico. El oficialismo, mediante artificios legales y coaliciones funcionales, logró adjudicarse cerca del 74% de los escaños legislativos con apenas el 54% de la votación nacional. No fue una casualidad: fue una maniobra. Una forma de torcer el espíritu de la ley sin violar formalmente su letra.

Gobernar no es aplastar al adversario, es convivir con él. En tiempos donde nadie escucha, escuchar se ha vuelto un acto heroico. El oficialismo debería aprender a escuchar a quienes no piensan como ellos, porque ahí empieza la democracia.

Para qué sirve realmente la representación proporcional? Desde el discurso oficial se insiste en que “sobran legisladores”. Es una narrativa simplista, peligrosa y falsa.

La representación proporcional no es un privilegio de partidos políticos. Es una garantía ciudadana. Permite que voces regionales, ideológicas y minoritarias estén presentes en la toma de decisiones nacionales. Obliga al diálogo, al contraste de ideas y evita el cheque en blanco.

Eliminarla no fortalece la democracia: la empobrece. Reduce el debate, anula los equilibrios y convierte al Congreso en una oficialía de partes del Ejecutivo. Lo que se vende como eficiencia es, en realidad, concentración de poder.

Se nos dice que desaparecer a los legisladores plurinominales generará ahorro. Pero el argumento se derrumba frente a los hechos. Mientras se pretende recortar representación política, el Estado gasta cada año más en intereses de la deuda de empresas públicas mal administradas que lo que cuesta sostener todo el sistema de representación proporcional.

El ejemplo más claro es Texcoco. La cancelación del aeropuerto se presentó como austeridad, pero terminó costándole al país más de 300 mil millones de pesos entre cancelaciones, recompra de bonos, litigios e intereses. Se perdió inversión, conectividad y competitividad para imponer un proyecto menos funcional y menos rentable. Nos dijeron que era ahorro. Fue uno de los errores más caros de nuestra historia reciente.

Las reformas del pasado no eran perfectas, pero tenían algo que hoy escasea: visión de largo plazo. La democracia tampoco es perfecta, pero es el único sistema que permite corregirse sin violencia.

La democracia no muere de golpe. Se va debilitando cuando se normaliza que una sola voz decida por todas. Hoy es la representación proporcional. Mañana, cualquier otro contrapeso que estorbe.

Defender la pluralidad no es defender partidos. Es defender el futuro democrático de México.