La economía de México experimentó un crecimiento promedio anual inferior al 1% durante el sexenio de 2018 a 2024. De acuerdo con registros del INEGI y el Banco de México, estas cifras oscilaron entre el 0.81% y el 1.1%. Este bajo desempeño no representó únicamente un efecto temporal de la crisis sanitaria de 2020, la cual provocó una contracción histórica del 8.55%, sino que refleja problemas estructurales profundos y persistentes.
El estancamiento responde principalmente a una productividad laboral estancada o en retroceso, junto a una informalidad que afecta a más del 54% de la fuerza ocupada. Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de 2025, esta tasa subió al 55.4% durante el tercer trimestre y se ha mantenido en niveles similares en mediciones recientes.
A este escenario se suma una carga burocrática excesiva que desalienta la inversión y la transición hacia la formalidad. Establecer y operar un negocio en el país sigue siendo costoso en términos de tiempo y recursos; el Índice de Burocracia 2025 indica que el proceso de apertura puede demandar cientos o incluso miles de horas en trámites. Estas gestiones generan costos financieros directos de entre 4 mil y 5 mil 800 dólares por empresa, además de costos de oportunidad que frenan significativamente el dinamismo económico.
La informalidad no solo reduce la base tributaria y limita el acceso al crédito formal, sino que perpetúa salarios bajos, falta de protección social y una productividad agregada deficiente, cerrando un círculo vicioso difícil de romper sin reformas profundas en regulación, educación y estado de derecho.
A la par de estos retos económicos, aunque se observan reducciones marginales pero sostenidas en homicidios dolosos, con cifras preliminares de alrededor de 20 mil a 23 mil asesinatos en 2025, México continúa inmerso en la etapa más violenta de su historia reciente en términos absolutos y acumulados. Estos reportes oficiales muestran un promedio diario de entre 54 y 64 víctimas, lo que representa una baja de entre el 30% y 40% respecto a los picos de 2024.
No obstante, el país ha registrado más de 200 mil homicidios desde 2018 y persisten problemas crónicos como las más de 100 mil personas desaparecidas, la debilidad estructural de las policías locales y la ausencia de una estrategia integral contra el crimen organizado. Esta situación erosiona la confianza ciudadana, eleva la percepción de inseguridad y debilita la calidad democrática al limitar derechos fundamentales y la inversión en las regiones afectadas.
En este contexto interno complejo, la presión externa del segundo mandato del gobierno de Donald Trump iniciado en 2025 representa un desafío evidente, pero también una oportunidad potencial. En Washington se ha transformado su visión de México, pasando de considerarlo un aliado estratégico en la relocalización de empresas, a percibirlo como un riesgo por la migración irregular, el flujo de fentanilo y el déficit comercial. Aunque las amenazas arancelarias de 2025 generaron incertidumbre y pausaron inversiones tecnológicas estimadas en decenas de mil millones de dólares, el impacto no ha sido catastrófico gracias a la integración del T-MEC y las negociaciones bilaterales. México ha evitado aranceles generalizados masivos hasta ahora y el nearshoring continúa atrayendo flujos en sectores como manufactura y automotriz, aunque a un ritmo menor.
La amenaza externa, si se gestiona con pragmatismo, puede convertirse en un incentivo poderoso para avanzar hacia un Estado más eficiente. Esto obliga a priorizar reformas que fortalezcan el estado de derecho para atraer inversión segura, reduzcan la burocracia para formalizar el empleo y mejoren la seguridad regional con policías capacitadas. Si se aprovecha la revisión del T-MEC en 2026 como un catalizador, se podrían acelerar cambios internos que de otra forma tardarían décadas en concretarse.
Por el contrario, una respuesta basada en la confrontación o la inacción aumentaría el riesgo de aislamiento económico y desaceleración adicional. La viabilidad de transformar esta presión en oportunidad es moderada-alta para el periodo 2026-2028, apoyada en ventajas geográficas y mano de obra calificada, aunque enfrenta obstáculos como la informalidad estructural y la violencia en focos regionales.
Respecto del porvenir económico del país, se perfilan tres escenarios principales derivados de la gestión política y comercial. El escenario con mayor probabilidad de ocurrencia, plantea tensiones controladas pero persistentes con un crecimiento moderado de entre el 1% y el 2%, donde el nearshoring se mantiene sostenido pero limitado sin que ocurra una ruptura mayor en el tratado.
Por otro lado, un escenario optimista con probabilidad media, contempla una negociación exitosa en el T-MEC junto a reformas internas graduales que permitirían una relocalización de empresas acelerada, formalización laboral parcial y un crecimiento anual superior al 3%.
Finalmente, el escenario pesimista de probabilidad baja advierte sobre una posible escalada arancelaria o confrontación abierta que derivaría en una recesión, fuga de inversión y un estancamiento prolongado de la economía nacional.
*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco
X: @PabloTrejoizt