“Sigan amando. Sigan intentando. Sigan confiando. Sigan creyendo. Sigan creciendo. El cielo los está animando hoy, mañana y para siempre.”
Jeffrey R. Holland
El pasado sábado 27 de diciembre de 2025, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y el mundo religioso perdieron a uno de sus más elocuentes defensores de la fe: el presidente Jeffrey R. Holland, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles.
Nacido el 3 de diciembre de 1940 en St. George, Utah, Holland dejó un legado profundo marcado por su testimonio inquebrantable de Jesucristo, su liderazgo educativo y su compromiso con la construcción de puentes interreligiosos. Su partida invita a reflexionar no solo sobre su vida ejemplar, sino sobre la urgencia de la fe y el diálogo en un mundo sumido en el caos.
Uno de sus logros destacados fue su contribución al desarrollo de Predicad Mi Evangelio (Preach My Gospel, 2004), manual que revolucionó la capacitación misionera al enfatizar el testimonio personal y el estudio escritural centrado en Cristo. Viajó incansablemente, y presidió edificaciones y colocaciones de primeras piedras de templos, simbolizando la expansión global de la Iglesia.
Particularmente notable fue su rol en la construcción de puentes interreligiosos. Recibió el premio “Torch of Liberty” de la Anti-Defamation League por mejorar la comprensión entre cristianos y judíos. Habló en conferencias interreligiosas en Oxford (2018), en el Parlamento británico, en Harvard Law School (“Mormonism 101”) y en Chapman University (2015), donde abordó fe, familia y libertad religiosa: temas vitales en un mundo secularizado.
En Windsor Castle dialogó teológicamente con líderes sobre refugiados, destacando cómo el diálogo interreligioso es “parte de una orquestación divina en estos tiempos turbulentos”. Estas iniciativas demuestran su convicción de que los creyentes deben unirse para defender valores compartidos como la dignidad humana y la libertad religiosa.
En momentos de caos global la importancia de la fe y de los puentes interreligiosos es innegable. La fe en Cristo ofrece ancla: esperanza perfecta, amor a Dios y al prójimo, y la certeza de un nuevo comienzo diario mediante la expiación. Como enseñó Holland: “Tengan una perfecta brillantez de esperanza... el evangelio siempre ofrece una nueva oportunidad”. Sin fe, el caos se amplifica; con ella, se transforma en oportunidad de servicio y unidad.
Los puentes interreligiosos son esenciales porque dividen menos y construyen más; en un mundo fragmentado por identidades enfrentadas, el diálogo fomenta empatía, colaboración en causas humanitarias y defensa conjunta de la libertad religiosa ante regulaciones restrictivas o secularismo agresivo. Holland modeló esto al colaborar con líderes judíos, católicos, musulmanes y otros en iniciativas de refugiados y educación. Hoy es necesario participar activamente en coaliciones interreligiosas, desastres y defensa de la familia, demostrando que la unidad en principios morales trasciende diferencias doctrinales.
Es innegable que hoy el mundo enfrenta un sinnúmero de desafíos: conflictos armados, polarización política extrema, crisis de salud mental, incertidumbre económica y el avance acelerado de la inteligencia artificial que cuestiona el sentido mismo de la existencia humana; por lo que la fe, la familia y la libertad religiosa deben convertirse en pilares esenciales para la estabilidad personal, social y global. Estos tres elementos se refuerzan mutuamente y ofrecen respuestas profundas donde la secularización y el individualismo radical fallan.
El legado de Jeffrey R. Holland trasciende títulos: fue un “genio pastoral”, maestro incomparable y amigo genuino que hacía sentir a cada persona valorada, tuve el privilegio de conocerlo e irradiaba paz, sabiduría y amor al prójimo. Su sensibilidad, humor, profundidad espiritual y testimonio inspiraron generaciones.
En tiempos caóticos, su ejemplo recuerda que la fe no evade el dolor, sino lo redime; y que los puentes de diálogo no diluyen la verdad, sino la iluminan colectivamente. Que su legado perdure, inspirando a millones a continuar trabajando por el bien de la sociedad y del trabajo compartido.