El crimen en streaming

10 de Agosto de 2026

El crimen en streaming

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Pablo Reinah

Imperdonable. La noche del 4 de agosto de 2026, en Culiacán, César Gastélum, de 25 años y con casi 600 mil seguidores en TikTok, fue asesinado en vivo. Desde 2024, al menos 19 creadores de contenido han sido asesinados en México. Casi la mitad en Sinaloa. Miles lo vieron en tiempo real.

Es la prueba de que la violencia escaló hasta convertir el asesinato en espectáculo digital. Ya no es solo un crimen: es el punto en el que la violencia en México cruzó otra línea. La disputa interna del Cártel de Sinaloa entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza ha dejado una lista que incluye a Juan Carlos El Chilango, Jesús Miguel El Jasper, Leovardo El Gordo Peruci, Adalberto El Tata, Gerardo El Jerry y varios más.

Algunos aparecieron antes en panfletos anónimos que los señalaban de vínculos con un bando. Otros simplemente eran visibles, jóvenes, con cámara en mano. Hay un precedente inmediato: en mayo de 2025, Valeria Márquez, influencer de belleza de 23 años, fue asesinada dentro de su estética en Zapopan, Jalisco, también durante una transmisión en vivo. Un hombre se hizo pasar por repartidor y le disparó frente a sus seguidores.

Lo que une estos casos no es solo el número. Es la forma. Antes los cuerpos aparecían en caminos de terracería o se filtraban videos después. Ahora el crimen ocurre mientras la cámara está encendida. El público deja de ser testigo lejano y se convierte en espectador directo. El algoritmo amplifica el horror en segundos. Y el mensaje del poder criminal llega más claro: nadie está a salvo, ni siquiera quien solo graba su vida cotidiana.

La violencia en México ha escalado de tal manera que ya no necesita esconderse. Puede actuar a plena luz, a metros de una fiscalía, frente a miles de pantallas, y seguir adelante. Los creadores de contenido, por su exposición, se volvieron blancos fáciles o piezas en un juego de control territorial y de narrativa. Algunos publicaron material que rozaba la narcocultura. Otros no. Da igual: la visibilidad se transformó en riesgo.

Cuando un joven muere en vivo y el video circula como cualquier otro contenido, algo se rompe en la sociedad. La muerte deja de ser noticia y se convierte en formato. La pregunta ya no es solo quién ordenó el disparo. Es hasta dónde estamos dispuestos a normalizar que el asesinato se transmita en tiempo real. Porque si esto ya es posible, lo que viene después será aún más difícil de mirar.

¿Quién parará esto?