El desastre de Taddei

2 de Noviembre de 2026

El desastre de Taddei

raymundo riva palacio AYUDA DE MEMORIA

Raymundo Riva Palacio

1ER. TIEMPO. ¿Cómo que se dicen sorprendidos? La vergüenza que produjo la difusión masiva de videos donde la hasta hace unos días consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, celebrando con su íntimo Alfredo Hernández, y luego otro video del empresario y proveedor por excelencia del órgano electoral que graba a su hijo Jorge Francisco Pineda Taddei con champaña en mano y embobado en un hotel de lujo en París con vista al Jardín de las Tullerías en el Louvre, hizo que hasta los más radicales se apenaran y abrieran el camino para que la corriera la presidente Claudia Sheinbaum del cargo, aunque esta acción se tradujera como un acto de contrición de la señora Taddei, que presentó su renuncia para, palabras más, palabras menos, salvar a la Patria. Hasta entonces, decidieron que procedía una investigación y que la Auditoría Superior de la Federación, tenía que desempolvar el archivo de irregularidades que arrastraba. No actuaron antes en la 4T, porque no quisieron. Desde que llegó a la presidencia del INE en marzo de 2013, Taddei fue criticada por la red de relaciones personales y políticas que facilitaron su asunción, mediante la farsa de una tómbola. Pero no muy tarde, el 12 de febrero de 2024, el periódico Excélsior publicó que el INE había entregado documentos presumiblemente falsos al órgano de transparencia, con respecto a las contrataciones de personal. La primera llamada, como muchas otras para el régimen hasta que les explotan los escándalos en las manos, fue ignorada, aunque no era menor: el 85% de las contrataciones en sus primeros cinco meses como presidenta consejera, contenían errores e imprecisiones. Esa revelación propició otras investigaciones periodísticas que sugirieron posibles conflictos de interés en las contrataciones, así como relaciones personales entre funcionarios del INE y proveedores, que resultaron en adjudicaciones. El año pasado, hubo más revelaciones en la prensa: contratos de arrendamiento vinculados al gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, que fue su promotor y con quien intercambiaron familiares y cercanos en puestos de trabajo; el nepotismo de Taddei en distintas dependencias y niveles de gobierno; el uso de facultades otorgadas por el Congreso, revirtiendo una ley que servía de contrapeso, para nombrar a titulares de área, como sucedió con José Luis Arévalo en la Unidad Técnica de, nada más, Transparencia; el nombramiento de Luis Rogelio Pineda Taddei, otro hijo de la consejera, como secretario particular de Durazo. El año pasado también se dio una adjudicación que no despertó mucha sospecha: Cajas Graf y Corporativo Zeg participaron en una licitación de casi 200 millones de pesos sobre la producción de materiales electorales, que fue declarada desierta. Poco después, se les entregó el contrado de manera directa. Hoy, aquella adjudicación cobró nueva vida y dimensión. Cajas Graf es del empresario Hernández y Corporativo Zeg es una empresa suya, disfrazada. Todo este enjambre oscuro estalló hace unos días detonado por quien menos se esperaba Taddei lo hiciera.

2DO. TIEMPO: El despecho empresarial. La debacle de Guadalupe Taddei como consejera presidenta del INE comenzó con una revelación del periódico Reforma, que cobraba en la nómina del instituto Jonathan Navarrete Torres, con el puesto de chofer y un salario de casi 46 mil pesos mensuales. La reportera de Reforma, Erika Hernández, preguntó por él en el INE, y nadie lo conocía. Su diario le puso “el chofer fantasma”. Y en medio de toda la melé, las cosas fueron saliendo de la oscuridad. Navarrete Torres, era, en realidad, apoderado legal de Corporativo Zeg, la empresa disfrazada de su proveedor favorito, Alfredo Hernández. ¿Cómo salió todo al descubierto? La fuente de la filtración fue el propio Hernández. O al menos, así lo comenzó a confiar, orgulloso de haberlo hecho y satisfecho de haberle cobrado un agravio a Taddei, que presumía era su pareja, a políticos a quienes en algún momento les había hecho un servicio o que estaban dispuestos a escucharlo. “Era un horror escuchar todo lo que decía”, dijo uno de ellos. “Solo pensaba, ‘¿por qué me está contando esas cosas?’.” Hernández fue increíblemente indiscreto. Dijo, sin aportar prueba alguna, que también había participado el Centro Nacional de Inteligencia en las filtraciones a los medios. Aunque no presentó evidencia de ello, hay cosas que no se explicarían de otra manera. Los videos que prueban una relación que rebasa lo profesional entre Taddei y él, fueron grabados en su mayoría por él mismo, con su teléfono. Si, cuando menos hasta el momento que todo explotó, no estaba bajo ninguna investigación criminal que se le conozca, ¿cómo pudieron terminar en manos de la prensa si él no fue el autor de estas últimas filtraciones? Los videos sepultaron a Taddei como consejera presidenta del INE, dejó al desnudo a su familia, que renovaron las viejas revelaciones de nepotismo y conflictos de interés, y volvieron a meter al potaje al gobernador de Sonora, Arturo Durazo. Todos esos materiales videograbados, ninguno de ellos desmentido por nadie, le regresaron como bumerán. Hernández había confiado a quienes lo escucharon que su motivación había sido que Taddei, a quien le había dado tanto, le había quitado un contrato del INE que tenía en la bolsa. Pero lo decía con gusto, decían, como el de la venganza que sabe dulce. No sabía en ese momento, con toda seguridad, que el despecho empresarial le iba a salir muy caro a él.

3ER. TIEMPO: La despedida de Taddei. Desde su llegada al INE, se pintó a Guadalupe Taddei como una mujer honesta y sin militancia partidista. Pero poco tiempo tuvo que pasar para ver que la nueva consejera presidenta del Consejo General del INE, era una farsa y que ese órgano construido a mano más de 30 años décadas, iba a desaparecer. Taddei venía de dirigir el órgano electoral en Sonora, donde fue incapaz de organizar los procesos electorales en el estado. Era la persona hecha a la medida que el expresidente Andrés Manuel López Obrador necesitaba. Incompetente y domesticada por el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, para neutralizar al INE y acabarlo sin desaparecerlo. La validación de la votación popular para elegir un nuevo Poder Judicial fue la tumba del órgano electoral, y el desmantelamiento de la última reforma democrática de segunda generación. Taddei lo hizo como aprendió, sin pudor y con cinismo. El consejero electoral Arturo Castillo reveló que el 100% de quienes ganaron para un cargo en la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal de Disciplina, la Sala Superior del Tribunal Electoral y en 4 de las 5 salas electorales regionales, estaban en los acordeones que repartieron la Presidencia y Morena a los votantes. ¿Quién pagó la papelería? Nadie supo. ¿Por qué no se sancionó que Morena haya participado en el proceso violando la ley? Taddei respondió que el proceso había sido ejemplar. Fue un día aciago para la democracia mexicana, pero victorioso para la consejera presidenta que cumplió con la tarea para la cual la pusieron en ese cargo. Taddei llegó empujada por Durazo y la recibió con los brazos abiertos el entonces secretario de Gobernación, Adán Augusto López. Cuando éste buscó la candidatura presidencial, López Obrador le puso otro controlador: Jesús Ramírez Cuevas, su vocero y jefe de propaganda. Taddei recibía las instrucciones de Ramírez Cuevas en su oficina en el INE, o lo veía en Palacio Nacional. No había llegado por su género, aunque era la primera mujer en ocupar el cargo, sino por algo más corrosivo: era parte de un largo y espeso entramado familiar que la unía con el poder, porque en México, la sangre no solo llama: también contrata, acomoda y protege… hasta que se seca. Taddei dejó de ser funcional cuando sus pecados llegaron a la carpa y lo que se vio, vulgar, impúdico y grotesco, hizo que mantenerla en el cargo fuera insostenible. Adiós Taddei. Será recordada ampliamente, pero por las peores razones.

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