El deshielo con Perú y el urgente fortalecimiento de nuestra diplomacia

11 de Agosto de 2026

El deshielo con Perú y el urgente fortalecimiento de nuestra diplomacia

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Omar Hurtado

El pasado viernes 7 de agosto, la prensa difundió ampliamente la reanudación de relaciones diplomáticas entre México y Perú, rotas formalmente desde noviembre de 2025 en medio de un ríspido historial de controversias. El detonante fue el asilo político que la presidenta Claudia Sheinbaum otorgó a Betssy Chávez, exprimera ministra de Pedro Castillo. Chávez, condenada por conspiración y rebelión tras el fallido autogolpe de 2022, se había refugiado en la embajada mexicana en Lima, quedando el recinto bajo la custodia de Brasil tras la ruptura.

Este desgaste bilateral comenzó en diciembre de 2022 con la destitución de Castillo —hoy sentenciado a once años de prisión—, quien siempre contó con el respaldo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, promotor también del asilo a su familia. Castillo fue interceptado por fuerzas de seguridad locales cuando intentaba refugiarse en nuestra sede diplomática. Mientras la cancillería peruana denunciaba una intromisión en sus asuntos internos, la mexicana defendía la histórica tradición del derecho de asilo. La tensión escaló a niveles inéditos cuando Perú declaró persona non grata no sólo al embajador mexicano, sino al expresidente y a la actual mandataria; situaciones lamentables e insólitas en nuestra trayectoria exterior.

Para quienes analizamos el panorama internacional, resulta evidente que la política exterior debe recuperar su cauce profesional y especializado. El país ha perdido presencia regional debido al desinterés institucional del sexenio anterior. El lema “la mejor política exterior es la interior” evidenció una postura conveniente, utilizada por el expresidente para encubrir su desconocimiento en la materia, eludir compromisos globales y sumir al país en el aislamiento.

Incluso los pilares constitucionales de la cancillería, particularmente la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, se aplican de forma selectiva por afinidades ideológicas, ignorando convenientemente a regímenes autoritarios y violaciones a los derechos humanos. En el caso peruano, la defensa a ultranza de Castillo llevó al gobierno mexicano a cuestionar su destitución y a desconocer la legitimidad de la presidenta Dina Boluarte, a quien AMLO calificó despectivamente desde un atril público como “espuria” y “usurpadora”, tildando además de “infamia” las acusaciones legales en contra del expresidente peruano. El conflicto no sólo afectó el vínculo bilateral, sino el desarrollo de la Alianza del Pacífico al negarse el entonces presidente López Obrador a transferir la Presidencia Pro-témpore que correspondía a Perú.

La conducción de la política exterior debe responder estrictamente al interés nacional y nunca a ideologías personales o de partido. Su degradación actual es consecuencia de operarla en gran medida desde conferencias matutinas que sólo generan fricciones bilaterales. La diplomacia posee protocolos definidos para encauzar relaciones pacíficas y amistosas entre las naciones.

Si bien el deshielo con Perú es una noticia positiva —reactivado tras el salvoconducto otorgado por el gobierno peruano a Chávez para viajar a México en un avión militar—, a nuestro país le queda un camino arduo en el Cono Sur para revertir su aislamiento. El escenario más complejo sigue siendo el conflicto con Ecuador, originado por confrontaciones verbales que derivaron en el reprochable asalto a nuestra embajada por fuerzas locales, un caso crítico que hoy se dirime en la Corte Internacional de Justicia.

A esto se suma la dinámica del “Escudo de las Américas”, impulsada por Estados Unidos junto a 16 países de la región para abordar temas de envergadura: combate a los cárteles, contraterrorismo, intercambio de inteligencia, gestión migratoria y freno a la geopolítica extrarregional. México debe reorientar sus estrategias desde una perspectiva especializada para hacer frente a esta realidad geopolítica. No será fácil. Mientras la mandataria mexicana insiste en apoyar a Castillo como asilado, en Perú se subraya con firmeza que la normalización no implica reconocer a Chávez como una perseguida política. La diplomacia seria debe volver a ocupar su lugar.

Nota de cierre: Se instaló en la Cancillería el Consejo de Prospectiva de Política Exterior, creado para asesorar al canciller Roberto Velasco que ya realizó su primera reunión y sesionará de forma mensual. Su propósito es analizar el panorama geopolítico global y sus implicaciones para México. Este cuerpo consultivo está integrado por experimentados embajadores y embajadoras de carrera en retiro, entre quienes destaca el exsubsecretario Andrés Rozental, a la par de Roberta Lajous, Sandra Fuentes-Berain, Juan José Gómez Camacho y Federico Salas (único en activo).