1ER. TIEMPO: El mensajero del mesías. En el Senado, la 4T tiene a varios gladiadores: Ignacio Mier, que coordina la bancada; Adán Augusto López, que le heredó el puesto; el disruptivo Gerardo Fernández Noroña, como los más visibles. Pero el verdadero poder del movimiento, que nunca hace aspavientos, que nunca se para, que jamás se levanta a la tribuna para parlamentar ni tiene iniciativas conocidas, es Alejandro Esquer, que fue secretario particular de Andrés Manuel López Obrador en distintos momentos, cuando era dirigente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuando fue jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, y cuando fue presidente de la República. Esquer no es de los tabasqueños que comenzaron su largo camino a Palacio Nacional en 1988, como Octavio Romero Oropeza o Javier May, los más prominentes en la actualidad, pero se le acercó en los 90 y se convirtió en una pieza insustituible. Leal e incondicional por sobre todas las cosas, Esquer sigue siendo el hombre que sirve de correa de transmisión entre Palenque y el Senado, la persona que todos saben que no habla por sí mismo sino por López Obrador, que lo que dice es una instrucción del expresidente y no se discute. No se sienta en la burbuja desde donde Mier coordina la orquesta de Morena, sino en la parte de atrás, a un costado, desde donde, con su lenguaje de cuerpo, una mirada, una señal con la cabeza, una mueca, da órdenes, que no sugerencias, a la bancada que está a su disposición, aunque formalmente no la dirija. Él siempre es la última instancia de Morena en el Senado, y desde su escaño observa y apunta. Reporta siempre a López Obrador y lo mantiene al tanto de lo que sucede. López Obrador paga con amor a quienes lo obedecen. Recientemente, Esquer llegó con decenas de ejemplares del libro “Pueblo”, el último mamotreto que le malescribieron al expresidente, con una dedicación personal para sus destinatarios. “Te lo manda el presidente”, lo escucharon decirles a los senadores, con una deferencia falsa, pero con un mensaje claro sobre a quién le deben el escaño, la carrera en algunos casos, y por lo tanto, a quien le deben lealtad. Esquer es presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes, y miembro de la Comisión de Infraestructura Ferroviaria, lo que a nadie sorprende: las megaobras de López Obrador están en ese campo: trenes y aeropuertos. Esquer se encarga que no le falte presupuesto, aunque no sirvan para nada, pero que son símbolo de un legado que fuera del Senado se está cayendo a pedazos, pero que dentro de él, mediante la intimidación que permite la fuerza de López Obrador en el movimiento que fundó, se mantiene como si nada alterara la realidad alterna del hombre de Palenque.
2DO. TIEMPO: El que tenía la llave del tesoro. El libro “El Rey del Cash” irrumpió en las librerías a finales de 2022. Escrito por Elena Chávez, periodista y escritora que había estado casada durante 18 años con César Yáñez, sombra y escudero inseparable de Andrés Manuel López Obrador, hasta que se deshizo de él poco antes de asumir la Presidencia, no trataba de hacer ajustes de cuentas personales, sino que era un testimonio documentado sobre la deshonestidad de quien había hecho de lo contrario, una bandera moral. En vísperas de su distribución -que se trató de sabotear-, López Obrador dijo: “Mi pueblo y mi autoridad moral son mi escudo protector. Pueden sacar lo que quieran, el cash, cualquier cosa”. Chávez lo hizo. Un capítulo importante lo ubicó en el número 64 de la calle San Luis Potosí, en la colonia Roma de la Ciudad de México, por mucho tiempo oficina alterna de López Obrador, y que fue su cuartel general durante campañas presidenciales, como la de 2006, cuando, tras pedir licencia como gobernante del entonces Distrito Federal, todos los lunes a las cinco de la tarde hacían fila autoridades capitalinas para rendirle cuentas, pese a que quien gobernaba en ese entonces era Alejandro Encinas. Quien los recibía, recordó Chávez, era Alejandro Esquer, desde entonces el hombre de todas las confianzas de todos los temas privados de López Obrador. A cada funcionario capitalino que llegaba, Esquer lo recibía con una copia del organigrama y estructura de su oficina, y en función del número de empleados en la nómina, les daba la cuota que tenían que entregarle mensualmente. Para alcanzar los montos del impuesto electoral, funcionarias y funcionarios se vieron forzados a imponer un “moche voluntario”, que institucionalizó el entonces oficial mayor del gobierno capitalino, Octavio Romero Oropeza, actual director del Infonavit, del 10%, que se extendió como subsidio a López Obrador todo el sexenio de Marcelo Ebrard, y una parte del de Miguel Ángel Mancera. A cambio del dinero para López Obrador, Esquer les permitía ver al “candidato”, quien los felicitaba por su buen desempeño. El dinero en efectivo, el cash, que dio sentido y dirección al título del libro, se lo entregaban a Esquer en bolsas y portafolios en su oficina, justo enfrente de la de López Obrador, a quien le informaba quién y cuánto había llevado. Los recursos eran trasladados a la Fundación Honestidad Valiente, que manejaba el operador electoral de López Obrador y hoy senador Gabriel García Hernández, con quien colaboraba estrechamente Andrés, Andy, López Beltrán. El apetito por el dinero era enorme. Iba a campañas, como dinero político, pero también a los bolsillos de López Obrador y de su familia, organizado y administrado por Esquer.
3ER. TIEMPO: El operador de la destrucción. En septiembre de 2024, a nada de que terminara el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, pasó algo impensable: la reforma judicial dividió al obradorismo. Colaboradores del entonces presidente, políticos, intelectuales orgánicos, sus columnistas y el periódico oficial expresaron en público y en privado su desaprobación por sus probables consecuencias y por la forma como se había logrado la mayoría calificada para lograr su aprobación en el Senado. Dos argumentos fueron expuestos a López Obrador y llegaban al mismo punto: la elección popular de jueces, magistrados y ministros, cuya selección y promoción sería impulsada por quien tuviera poder y dinero. Un sector pensaba que habría incertidumbre jurídica por la politización de la justicia, por el control sobre el proceso de selección e instrumentos de castigo que iba a tener el Ejecutivo sobre el Poder Judicial y el Legislativo, y otro alegaba que le facilitaría al crimen organizado comprar jueces. López Obrador rechazó los argumentos. Dijo además que no habría impacto económico por la reforma y que seguirían llegando las inversiones. Moody’s, una de las calificadoras que revisa a México, advirtió que la reforma podría generar un choque de confianza prolongado, volatilidad e incertidumbre financiera, que elevaría el costo de la deuda, pondría en riesgo el crecimiento, las finanzas públicas y el grado de inversión. López Obrador lo negó, mientras que la minoría que estaba con él en el Senado, comenzó a ganar la batalla. Alejandro Esquer, que dividía su senaduría y la secretaría particular del presidente, estuvo al frente de la operación. Durante el debate, Esquer, como siempre, se sentó a un costado del pleno, fue muy discreto y sólo se levantó del escaño para ir al baño. Pero cada vez que el entonces coordinador de Morena, Adán Augusto López, se paraba a cabildear, pasaba por su aduana para consultarle. López Obrador, a través de Esquer, estaba manejando la estrategia. Su brazo operativo administraba las observaciones contra la reforma que le hacían llegar al Presidente y vigilaba la puerta para ver a quién dejaba entrar, aun a sabiendas que iba a alegar en contra. Fue el principal apoyo de López Obrador para que no tuviera duda alguna sobre lo que estaba haciendo y la correa de transmisión para que las cosas salieran como lo necesitaba, como conseguir al senador que les diera la mayoría calificada. Lo encontraron en el panista Miguel Ángel Yunes Márquez, que cuando se acobardó, la instrucción fue que pidiera licencia por motivos de salud, y asumiera su suplente, su padre, Miguel Ángel Yunes Linares, que diera la cara ante los indignados opositores y votara con Morena. Esquer consiguió lo que quería López Obrador: la reforma judicial que cambió a México, su futuro y su destino, para mal. ¿Cómo llegó al final de este camino? Con trampas, corrupción, venta de favores, presiones, amenazas y mentiras, muchas mentiras que apoyó, justificó y cubrió Esquer, el hombre del Peje.
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