Estadística para documentar y construir

11 de Julio de 2026

Estadística para documentar y construir

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Cecilia Aída

Cada proceso electoral y de participación ciudadana deja algo más que resultados. Deja mucha información. Datos sobre cuántas personas participaron, cómo votaron, qué estrategias funcionaron y cómo ha cambiado la composición del electorado a lo largo del tiempo. La pregunta es qué hacemos con toda esa información una vez que termina la jornada.

¿Quiénes participan más? ¿Ha aumentado o disminuido el número de personas registradas para votar? ¿Qué diferencias existen entre una alcaldía y otra? ¿Cómo ha evolucionado la participación ciudadana? ¿Qué tan precisos son los distintos instrumentos utilizados para conocer los resultados electorales?

Detrás de las respuestas a estas preguntas hay trabajo técnico, pero también la convicción democrática de que la información pública debe estar al alcance de cualquiera que quiera consultarla.

Durante un proceso electoral se generan datos provenientes de los conteos rápidos, los cómputos distritales y del programa de resultados preliminares. Analizados de manera conjunta, estos insumos permiten comprender cómo funcionan los distintos mecanismos de difusión de resultados y por qué cada uno cumple una función específica para ofrecer certeza y transparencia. También ayudan a desmontar ideas equivocadas sobre el papel que desempeña cada herramienta y a reconocer que la confianza en los resultados no depende de un solo procedimiento, sino de un entramado de controles y verificaciones.

Existen, además, estadísticas que permiten observar transformaciones de largo plazo. La evolución del padrón electoral y de la lista nominal de la Ciudad de México muestra cómo cambia el universo de personas con posibilidad de votar. Detrás de esas cifras hay tendencias demográficas, movimientos poblacionales y desafíos para las autoridades electorales. No es lo mismo organizar elecciones para una ciudad que envejece que para una en la que aumenta el número de personas jóvenes o que cambia la distribución territorial de su población.

La información disponible permite ir más allá. Es posible consultar mapas y marcos geográficos para ubicar distritos, secciones electorales, unidades territoriales y demarcaciones. Estos recursos ayudan a entender cómo está organizada electoralmente la ciudad y facilitan que la ciudadanía conozca el espacio en el que ejerce sus derechos políticos. Muchas veces damos por sentado que sabemos dónde votamos o a qué distrito pertenecemos, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre cómo se construye esa geografía electoral.

En el caso de los mecanismos de participación ciudadana, los datos también cuentan historias relevantes. Podemos saber cuáles grupos de edad participan más, cómo se distribuye la participación entre mujeres y hombres, qué categorías de proyectos de presupuesto participativo reciben mayor respaldo o cómo ha evolucionado el uso del Sistema Electrónico por Internet. Esto último permite observar que la forma de involucrarnos en los asuntos públicos también cambia y que las herramientas tecnológicas han ido ganando espacio como una vía adicional para ejercer derechos.

Conforme a estas premisas, el IECM ha reunido esta información en el micrositio de Bases de Datos y Sistemas de Consulta. Ahí se encuentran más de 230 recursos de consulta, entre bases descargables y gráficas interactivas, así como más de 167 documentos que analizan distintos aspectos de la participación electoral y ciudadana. No es un repositorio pensado únicamente para especialistas. Una estudiante puede encontrar material para una investigación; una periodista, información para contextualizar una nota; una persona académica, insumos para profundizar en un análisis; y cualquier ciudadana o ciudadano, datos para comprender mejor cómo participa esta ciudad. También es posible comparar procesos electorales, revisar estadísticas históricas o identificar cambios en la participación a lo largo del tiempo.

El beneficio es doble. Por una parte, el Instituto transparenta el trabajo de recopilación y sistematización que realiza. Por otra, pone a disposición de la ciudadanía herramientas útiles para el análisis, sin necesidad de recurrir a solicitudes específicas de información.

Abrir los datos y facilitar su consulta contribuye a que la conversación pública se sostenga cada vez más en evidencia. Las estadísticas no sustituyen el debate ni ofrecen respuestas automáticas, pero sí nos ayudan a formular mejores preguntas y a discutir con más elementos y menos intuiciones.