Ética, tecnología y liderazgo institucional

16 de Febrero de 2026

Luis Barranco

Ética, tecnología y liderazgo institucional

Columna invitada_Redes

El debate sobre el uso de inteligencia artificial para reproducir voces no surgió en el Congreso. Surgió en la conversación pública. Y sí, llegó hasta la conferencia mañanera.

Cuando el caso relacionado con la voz del actor Pepe Lavat se hizo visible, en una campaña en TikTok, realizada por el INE, para motivar a la participación de los jóvenes en las elecciones pasadas, el tema escaló al máximo nivel político. En su momento, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo consideró pertinente que se revisara el tema y vio con buenos ojos que el Instituto Nacional Electoral atendiera el asunto.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

La consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei Zavala, instruyó a la Secretaría Ejecutiva para integrar un grupo de trabajo que analizara el uso de herramientas de inteligencia artificial en la comunicación institucional y estableciera criterios claros frente a un dilema que no era técnico solamente, sino ético.

Ese matiz es fundamental.

No se trataba únicamente de tecnología. Se trataba de consentimiento, derechos de autor, límites institucionales y responsabilidad pública. El INE fue, al menos entre las instituciones nacionales, la primera que tuvo que enfrentar el vacío normativo en tiempo real.

Mientras el debate se polarizaba en redes sociales, al interior del Instituto se revisaron procedimientos, se fortalecieron criterios de autorización y se definieron parámetros para evitar ambigüedades futuras. No hubo inmovilidad. Hubo conducción.

Hoy, con la iniciativa anunciada por el Ejecutivo y la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, para modificar la legislación laboral y de derechos de autor, el país entra a una etapa de regulación formal. Pero conviene reconocer que el antecedente ya había obligado a una institución autónoma a abrir la discusión primero.

En tiempos donde la crítica suele convertirse en descalificación automática, vale la pena observar otro ángulo: cuando un problema emerge, la fortaleza institucional no está en negarlo, sino en asumirlo y construir reglas.

La inteligencia artificial plantea desafíos inéditos. La ética pública no puede quedarse atrás.

Y en este caso, el liderazgo consistió en algo sencillo, pero poco frecuente: reconocer, instruir, revisar y corregir antes de que la ley lo exigiera.