Entre los millones de ucranianos que siguen soportando la peor crisis humanitaria desde el inicio de la invasión a gran escala de Rusia, hay 52 mexicanos y sus familias, según la Embajada de México en Kiev. Con Rusia al borde del colapso económico y sin avanzar en el frente a pesar del millón y medio de soldados rusos muertos, y heridos, Putin utiliza el frío como arma de guerra contra Ucrania. Imparables y masivos ataques contra la infraestructura energética han resultado en la interrupción generalizada y continua de calefacción, electricidad y agua para millones de civiles ucranianos. La muerte deliberada por hipotermia está codificada por la ONU como un acto de genocidio.
Los connacionales en Ucrania son víctimas de la crueldad extrema de Putin, tanto como los ucranianos. El edificio de departamentos de Pablo Ferrat, mexicano con esposa e hija ucranianas, no está lejos de una de las termoeléctricas más bombardeadas en Kiev. “Nos toca escuchar y ver las intercepciones de los misiles y drones. Ya llevamos cuatro años así. No te acostumbras, pero te adaptas”, me dice Ferrat, quien trabaja para una empresa noruega. Cuenta que antes iban a los refugios o al metro, pero ya no da tiempo, pues los misiles balísticos tardan cinco o seis minutos en llegar y en lo que se preparan para salir el misil ya llegó. “De repente parece que no va a ver nada y en dos o tres horas ya estamos llenos de drones. Hay alertas, pero salir en medio de la noche a los refugios es más estresante”.
Ferrat toma a su niña y se la lleva al pasillo, pone la colchoneta junto al baño que es el lugar más alejado de las ventanas. “Allí nos quedamos hasta que termina de sonar la alarma y pasa el peligro. Ella afortunadamente duerme muy bien y no se entera de nada. “El año pasado, cuando los rusos atacaron el hospital infantil, quiso salir al refugio, pero le tocaron las intercepciones arriba del departamento. Fue bastante aterrante, pues estás viendo como están interceptando los misiles”. Con temperaturas de -15 °C en las últimas semanas, no han tenido calefacción, y los cortes de luz y agua se han prolongado hasta 18 horas consecutivas.
Alba Liuba Becerra, académica y exdiplomática mexicana residente en Ucrania desde hace más de 30 años, tiene la fortuna de vivir en casa propia a varios kilómetros de distancia de Kiev, con chimenea, un generador de inversión y un acumulador. “La infraestructura crítica de mi casa sigue trabajando. Yo tengo suerte, pero la mayoría de la gente está en situación muy difícil”, me dice esta mexicana de espíritu filantrópico que recibe en su casa a familias que necesitan ayuda, y a niños que no aceptan en las escuelas porque no hay luz ni calefacción y sus padres tiene que trabajar. “Cuando están atacando no se puede dormir. El ruido que hacen es como si estuviera sobrevolando una motoneta”, me dice. “Traigo unas ojeras de mapache porque no sé cuánto hace que no duermo. Aquí en Ucrania hay un chiste que dice: Uf al fin dormí ocho horas, ¡me tardé tres días!”
El gobierno de Ucrania solicitó generadores eléctricos a las representaciones diplomáticas acreditadas, incluida la de México, para ayudar a mitigar los efectos de la destrucción de la infraestructura energética. Hay familias que llevan más de un mes sin luz y calefacción. Pero a diferencia de una veintena de países (Vaticano, Polonia, Italia, Alemania, España, Dinamarca, Japón, la Unión Europea, etc.), que han enviado decenas de miles de generadores, el gobierno de México declinó sin decirlo abiertamente. “El apoyo a Ucrania está en valoración de la Cancillería y dependencias responsables según sus capacidades logísticas y recursos disponibles”, fue la respuesta esquiva de Daniela Zapata, directora de comunicación social de la SRE.
Lo cierto es que lo que sucede en Ucrania, no es prioridad de la política exterior de doble moral del gobierno de Claudia Sheinbaum. La “tradición humanitaria” que tanto cacarea para Cuba no aplica a Ucrania. No ha dicho absolutamente nada sobre la crisis humanitaria ucraniana. Y es que, desde el primer día de la invasión rusa, AMLO dejó en claro que su gobierno estaba del lado del agresor no del agredido. A pesar de todo, Putin no ha podido minar la voluntad de lucha de los ucranianos. De ahí que usa las presuntas negociaciones sobre paz para prolongar la guerra y ganar tiempo. Pero Becerra dice que no conoce a un ucraniano dispuesto a ceder territorio no conquistado por Rusia. Ucrania es un país que lleva cuatro años librando una guerra brutal por su supervivencia nacional. Resiste. Se adapta. No se arrodilla.
@DoliaEstevez