El sistema de salud está destrozado, no hay medicinas para los niños con cáncer, ni gazas y jeringas en hospitales, pero al Instituto Mexicano del Seguro Social le interesa más malgastar el dinero del pueblo en Canal Red, proyecto mediático del político español Pablo Iglesias, que en invertir para atender a los pacientes mexicanos. En junio, el IMSS pagó a Agitprop Iglesias & Armendariz S. de R.L. de C.V., dueña y operadora de Canal Red, 1.2 millones de pesos por concepto de “servicios de difusión”, el contrato más caro otorgado a Iglesias por el gobierno de Claudia Sheinbaum en lo que va de 2026. Los otros tres fueron contraídos por las secretarías de Hacienda/Lotería (862,100 pesos); Trabajo (172,400 pesos) y Comunicaciones (818,920 pesos), por un total de más de 3.5 millones de pesos (193 mil dólares), según datos oficiales. Este es el segundo año consecutivo que Canal Red, medio extranjero asentado en México en julio de 2025, está en la abultada nómina de publicidad pagada por los contribuyentes mexicanos. El de Iglesias es el único medio extranjero subsidiado por un gobierno que ha hecho de la injerencia externa el grito de guerra de su parroquia ideologizada.
En 2025, el gobierno destinó más 2.6 millones de pesos a Agitprop (agitadores y propagandistas) por concepto de publicidad pagada por las secretarías del Bienestar, Gobernación, Educación, Seguridad, Salud y Comunicaciones, como se ha reportado. Sin embargo, de acuerdo con el informe bimestral del ejercicio fiscal 2025 sobre ejecución de programas gubernamentales presentado por la Secretaría de Gobernación a la Cámara de Diputados en febrero pasado, los recursos asignados a Agitprop en realidad superan los 5 millones de pesos (300 mil dólares), lo que quiere decir que en 2025 y 2026 el gobierno le ha pagado a Iglesias un total de 87.6 millones de pesos (cerca de 500 mil dólares). Además, están los contratos que los gobiernos morenistas de Sonora, Oaxaca y Puebla entregaron a Agitprop para promover el mezcal, el turismo y la cultura. Los presentadores de Canal Red no son periodistas sino propagandistas y agitadores profesionales, con el cometido de librar la “batalla ideológica” contra los adversarios políticos de Sheinbaum, a quien definen como “referencia del progresismo y de la izquierda”. Atacan a todo aquel que no comulgue con sus dogmas que traslapan con narrativas favorables al Kremlin. En 2024, The New York Times señaló a Canal Red como proxy ruso.
No solo eso. En mayo, presuntos casos de “violencia, malos tratos, persecución sindical, discriminación, despidos ilegales y sanciones” en la matriz de Canal Red en Madrid fueron documentados a través de testimonios de exempleados en la miniserie “Romper el Bloque”, que aborda la experiencia personal de Sergi Gregori, cofundador de Canal Red y expresentador estrella hasta que fue despedido por Iglesias en 2024. Gregori no respondió a mi petición de entrevista. Iglesias ha negado las acusaciones. “Cuando te explota alguien de derechas te lo esperas, pero cuando te explota tu propia gente, duele más”, dice Paola Marañón, extrabajadora de Canal Red, en el documental. “No te tratan como a un ser humano; te tratan como a escoria”, secundó otro excolaborador. Semanas después, trabajadores de la Taberna Garibaldi, cofundada por Iglesias como “espacio antifascista” en Madrid, denunciaron que soportan jornadas de trabajo de hasta 14 horas, trato vejatorio y la vulneración de sus derechos laborales. Canal Red defendió a Iglesias subestimando la denuncia por venir de “una compañera en situación de baja”. Lo que cuentan es consistente con lo que estaría ocurriendo en México. Según pude saber, los empleados mexicanos de Canal Red también estarían experimentando maltrato, discriminación, pagos retrasados, o no pago, explotación laboral, alta rotación de personal y contratos sin prestaciones. Cuando Canal Red inició operaciones en México se supo ofrecía 2 mil pesos por colaboración (115 dólares). De ser así, estaría violando la ley federal del trabajo.
Las denuncias ponen de manifiesto la hipocresía del discurso de Pablo Iglesias. Contrario a la arenga marxistoide que impulsa, el cofundador de Podemos es un pequeño burgués (fifí) disfrazado de luchador social que usa la demagogia para golpear a los opositores y críticos de quienes le pagan. Ha sido captado en la sala VIP del aeropuerto internacional de la Ciudad de México y desplazándose con chofer y guardaespaldas en su país de origen donde vive en un chalet de lujo con piscina y envía a sus hijos a colegios privados. Haz lo que digo no lo que haga. Las denuncias laborales en España deberían ser un llamado de alerta para sus empleados mexicanos que, hasta ahora, no lo han denunciado públicamente por temor a la red gubernamental que lo protege.
@DoliaEstevez