Irán: una tiranía que promueve el terrorismo

13 de Marzo de 2026

Irán: una tiranía que promueve el terrorismo

simon vargas

“El régimen de los Ayatolás es nuestro enemigo común, no el pueblo iraní”

Benjamín Netanyahu

Ahora que el conflicto entre Estadios Unidos e Israel contra Irán se ha convertido en un foco de atención mundial, diversos cuestionamientos nos rondan, ¿Eran necesarios los ataques conjuntos?, ¿cuál será el costo global y humanitario?, ¿cuáles son los objetivos finales?, ¿cuánto tiempo durara la intervención?, ¿se unirán más países? Entre otras muchas.

Desde 1979, Irán se transformó en una república teocrática, donde el líder supremo, el ayatolá, concentra un poder que fusiona religión y Estado; tristemente con el paso de los años este país se ha convertido en actor hostil para gran parte del mundo, por su apoyo explícito a grupos designados como terroristas (Hezbolá, Hamás, los hutíes), su programa nuclear clandestino y sus gravísimas violaciones a los derechos humanos, documentadas año tras año por Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Este régimen no solo amenaza la estabilidad regional, la oprime con una ferocidad sistemática; las mujeres y las niñas, las personas LGBTI, las minorías étnicas y religiosas sufren discriminación y violencia institucionalizadas. La ley del hiyab obligatorio, impuesta desde los años 80, convirtió el cuerpo femenino en un campo de batalla político incluso tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, las protestas fueron contenidas a través de detenciones y ejecuciones.

Un ejemplo reciente y simbólico de esta represión ocurrió con la selección femenina de fútbol de Irán durante la Copa Asiática Femenina en Australia, en su partido inaugural contra Corea del Sur, las jugadoras se negaron a cantar el himno nacional, permaneciendo en silencio con la mirada al frente. Fue un acto de protesta silenciosa, interpretado como rechazo al régimen en medio de la guerra y el asesinato de Jamenei; incluso la televisión estatal iraní las llamó “traidoras en tiempos de guerra” y amenazó a sus familias.

Nos enfrentamos a otra guerra, el 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron una campaña de bombardeos masivos con el objetivo declarado de cambiar el régimen, destruir su programa nuclear y eliminar la amenaza que representa.

El presidente Donald Trump aseguró el pasado lunes que la guerra “está prácticamente terminada” y “muy adelantada en el cronograma”; sin embargo, este martes, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, advirtió en X: “No buscamos un alto el fuego. Creemos que el agresor debe ser castigado y recibir una lección que le disuada de volver a atacar a Irán”.

Los argumentos a favor y en contra de la intervención son significativos, el régimen iraní ha sido un gran mal y una grave amenaza para la seguridad mundial. Una intervención exitosa podría liberar a millones, permitir que las minorías puedan tomar decisiones y desactivar la amenaza bomba nuclear en potencia, incluso para muchos iraníes exiliados y opositores internos, este es el momento de derrocar una teocracia que ha asesinado incluso a su propia juventud.

Por otro lado, el costo humano es terrible, de acuerdo con reportes iraníes, más de 1,255 personas han muerto la mayoría civiles, incluyendo niños y más de 12,000 han resultado heridos en los primeros 11 días. Del lado estadounidense, al menos 9 militares han perdido la vida y alrededor de 140 han sido lesionados; además no podemos pasar por alto que la historia nos ha enseñado que las intervenciones “rápidas” en Oriente Medio pueden llegar a generar una devastación y prolongarse durante años.

El caos ya es evidente: ciudades bombardeadas, desplazados internos, precios del petróleo disparados y un posible cierre del estrecho de Ormuz que podría alterar la economía global. Si Irán logra alargar el conflicto o si otros países entran no estaremos ante una “operación terminada”, sino ante un desastre humanitario de proporciones inimaginables: millones de refugiados, hambruna inducida por sanciones y un vacío de poder que podría dar paso a grupos aún más radicales.

El pueblo iraní merece libertad, no más bombas; las mujeres, las niñas que sueñan con estudiar, las personas LGBTI que viven en la clandestinidad y las minorías perseguidas necesitan un futuro digno. Todos los regímenes tiranos deben caer.