No nos humillarán. Con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina, tal parece que la CDMX quiere tratar a sus ciudadanos cual ganado al que pueden mover, acomodar y concentrar al antojo de las autoridades. Mientras más cercano el día, más historias surgen de cómo la “Ciudad de Derechos” se queda solamente en el discurso.
En vallas publicitarias y dentro del transporte público, se ha desplegado una campaña patrocinada por el Gobierno de la Ciudad de México que utiliza frases como “Capital del futbol y de las libertades”, que muestra la ilustración de una pareja del mismo sexo dándose un abrazo, pero al mismo tiempo, en redes sociales, hay otro tipo de campaña que ataca a los hombres homosexuales y a los miembros de la comunidad LGBTIQ+
Hace un par de meses, la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, informó en sus redes sociales sobre un operativo para interrumpir una fiesta a la que describió como “clandestina” y, de paso, se burló de los hombres que ella misma exhibió en un video, pues bailaban sin camisa en la oscuridad, algunos en ropa interior, como lo hacen normalmente muchos hombres homosexuales en diversos antros y fiestas.
Más o menos por esos días, también circuló en redes sociales otro video que exhibió el comportamiento de algunos hombres en el último vagón del metro, un espacio que la comunidad gay se ha ido apropiando con las décadas, aunque sigue siendo público y no se puede considerar como un espacio “ganado”. Lo que ahí sucede no necesariamente se puede justificar, sin embargo, es un tema que da para mucho debate y que tiene que ver, precisamente, con las libertades por las que esta comunidad sigue luchando.
El Centro Cultural Universitario de la UNAM es un lugar que, además de promover las artes y la cultura, es un punto de encuentro para todas, todos y todes. Es bien sabido que, prácticamente desde siempre, el CCU y las zonas aledañas son aprovechadas por los estudiantes para poder socializar y demostrar sus afectos. Por estos días, hay drones circulando por la zona, lanzando mensajes de advertencia a quienes transitan por este centro cultural. De acuerdo con la normativa de la Agencia Federal de Aviación Civil, el uso de drones para vigilancia en universidades no puede violar el derecho a la intimidad, ni pueden ser utilizados para intimidación o espionaje.
En la Alameda Central, el jardín público más antiguo de México y América, considerado como un lugar de esparcimiento y también de ligue, cuelga sobre un muro una placa conmemorativa del Baile de los 41, otorgada por el gobierno de la ciudad para recordar que en el año de 1901 la policía asaltó una reunión de homosexuales y, con dicha redada, se dio visibilidad por primera vez a la comunidad gay en México: “A 100 años, en desagravio de las 41 víctimas de la primera redada homófoba del siglo XX en México. Por el pleno respeto a los derechos humanos y civiles de gays y lesbianas”.
Las autoridades de la CDMX tienen que organizarse mejor, para que los dichos de la jefa de gobierno y la presidenta no se queden en el discurso y entren en conflicto directo con las acciones de distintos alcaldes. Quizá, sentarse con los activistas de la comunidad LGBTIQ+ para tener una conversación mucho más madura sobre lo que significa ser una “Ciudad de Derechos” y una “Capital de las libertades”, porque en el panorama global ser una ciudad “gay friendly” no es una ciudad donde te dicen “buenas tardes” mientras se promueve la persecución en contra de tu comunidad.