La candidata de poca monta

21 de Mayo de 2026

La candidata de poca monta

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La política en la Ciudad de México atraviesa una etapa donde la estética devora a la sustancia. Alessandra Rojo de la Vega, actual alcaldesa de Cuauhtémoc, encabeza este fenómeno con una gestión más diseñada para el algoritmo de TikTok que para la realidad de las calles. Su administración es un laboratorio de incongruencias en el que, mientras utiliza un discurso de feminismo combativo para blindarse ante las críticas, sus alianzas y acciones la sitúan en un espectro ideológico que raya en la derecha más rancia. La contradicción es su sello personal.

El punto máximo de este extravío ocurrió recientemente con la visita de Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid, figura icónica de la ultraderecha española, fue recibida con honores en la Cuauhtémoc. Lo que Rojo de la Vega planeó como una plataforma de proyección internacional terminó por exhibir su oportunismo. En España, la prensa no tuvo reparo en calificar a la alcaldesa como una “política de poca monta”, un término que resuena con fuerza ante la evidente incapacidad de Alessandra para conciliar su imagen progresista de redes sociales con los nexos conservadores que sostienen su poder. El ridículo de la española terminó por salpicar las ya socavadas intenciones de Rojo de la Vega de perfilarse hacia la Jefatura de Gobierno en 2027.

Feminismo de marca y exclusión

La bandera del activismo ciudadano que ondea Rojo de la Vega se desdibuja cuando se analiza el origen de su respaldo político. Impulsada por la coalición PAN-PRI-PRD, Alessandra gobierna de la mano con los sectores más conservadores del panismo, quienes ven en ella el rostro perfecto para una derecha “cool” que busca reconquistar la capital. Sin embargo, este feminismo de marca no llega a todos los sectores. Activistas de la diversidad sexual han denunciado que sus operativos de “reordenamiento” en la Zona Rosa esconden una política de exclusión. Bajo el pretexto de la legalidad y la limpieza, se han clausurado espacios emblemáticos de la comunidad LGBT+, lo que muchos interpretan como una homofobia disfrazada de orden institucional.

Otro frente que delata su desesperación por obtener reflectores es su postura ante la seguridad. En foros internacionales, Rojo de la Vega ha sugerido que México debería abrirse a una “colaboración técnica profunda” con agencias de Estados Unidos para enfrentar al crimen organizado. Esta declaración, que sus detractores califican de entreguista, pone en duda su comprensión de la soberanía nacional. Al sugerir una fiscalización extranjera sobre el territorio que gobierna, la alcaldesa no solo admite su incapacidad para gestionar la extorsión en la Cuauhtémoc, sino que utiliza la crisis de seguridad como una moneda de cambio para obtener aprobación en Washington.

Las cifras de su gobierno refuerzan la idea de una gestión de fachada. Aunque presume la instalación de Puntos Violeta para el auxilio de mujeres, el costo de sus operativos de limpieza y reordenamiento asciende a cerca de 100 millones de pesos del erario, cifra excesiva para una alcaldía donde la opacidad y los choques constantes con grupos de comerciantes son la norma. Alessandra parece gobernar únicamente para las burbujas de las colonias Roma y Condesa, mientras ignora la realidad de las periferias de la demarcación.

Alessandra Rojo de la Vega busca replicar el manual de Díaz Ayuso: polarización, libertad económica a ultranza y el uso de causas sociales como escudo contra el autoritarismo. La Ciudad de México requiere un liderazgo que comprenda la complejidad de su tejido social, no una figura que priorice la fricción ideológica sobre el trabajo de tierra. La “candidata de poca monta” corre el riesgo de quedarse atrapada en su propio personaje mediático, mientras la Cuauhtémoc padece, además de los estragos de la gestión de su predecesora, Sandra Cuevas, las consecuencias de una alcaldía que se vive más en las pantallas que en la realidad. El camino hacia 2027 no se construye con selfis de aprobación extranjera. Si quiere ser la candidata opositora debe entender que el pueblo clama por la coherencia política que hoy brilla por su ausencia.