La CDMX se está pintando de color morado y decorándose con dibujos de ajolotes. Esto ha despertado polémicas para algunos porque el color morado no parece adecuado, para otros porque se percibe como un gasto innecesario que pronto se convertirá en una serie de pinturas descuidadas y de mal aspecto.
El ajolote es un animal muy peculiar. Además de su curioso aspecto, este animal llama la atención de la comunidad científica debido a su impresionante capacidad de regeneración física; no sólo extremidades perdidas, sino también partes del corazón e incluso fragmentos del cerebro.
Desgraciadamente, este anfibio está en grave peligro de extinción. De las 17 especies presentes en el país, 15 están formalmente catalogadas en riesgo bajo la NOM-059-SEMARNAT-2010. El territorio de la CDMX alberga de manera natural tres especies distintas de ajolote: el de Xochimilco, el de arroyo de montaña y el del Altiplano. Según la UNAM, la densidad poblacional del ajolote de Xochimilco (Ambystoma mexicanum) pasó de 6,000 ejemplares por kilómetro cuadrado en 1998 a solo 36 en el último censo científico en 2014. Los censos más recientes se llevaron a cabo en 2024 y 2025, pero los resultados aún no se publican. El famoso ajolote decora una ciudad que lleva más de diez años sin preocuparse por el estado de su especie.
El ajolote no es un animal con el que se pueda convivir, no existen tours para ir a nadar con ajolotes ni nada por el estilo. Se ha convertido en un mito como lo fue la serpiente emplumada o el dragón en civilizaciones antiguas. Son pocas las personas que han visto un ajolote y muchas menos las que han visto alguno en su hábitat natural y no en cautiverio. La fiebre por el anfibio no comienza con la iniciativa de Clara Brugada ni con la 4T, ha sido popular desde el siglo XIX cuando se llevaron los primeros ejemplares a Europa y en los centros turísticos de la CDMX se venden peluches de ajolotes para turistas nacionales e internacionales desde hace años.
La contradicción es evidente: el ajolote es el animal fantástico más querido del país y uno de los más queridos en el mundo, pero desgraciadamente es uno de los animales de la naturaleza más descuidados y olvidados.
El ajolote está abandonado mientras que su imagen está fetichizada. Hay personas que coleccionan billetes de 50 pesos porque tiene la imagen del ajolote, que vale los mismos 50 pesos que representa. Es el símbolo lo que vale mucho más para el individuo; un símbolo que oculta la extinción del animal, la mala planeación urbana y el enorme descuido al medio ambiente. A la ciudadanía le gusta consumir la imagen, pero vive distanciada del animal real.
La CDMX se pinta con ajolotes y de color morado, esperando que la popularidad del animal y una capa extra de pintura oculten la enorme cantidad de deficiencias que tiene la ciudad que será sede de la inauguración del Mundial.
Las inundaciones, el mal estado de las redes del metro, la desigualdad y el descuido medioambiental que se viven en la capital del país son problemas reales que enfrenta la ciudadanía cotidianamente. El gobierno usa al ajolote para mostrar a la ciudad como atractiva para el capital extranjero, pero la misma gente ha demostrado que ese es un símbolo que le gusta consumir, ignorando el ecocidio que se vive y se perpetúa en la región. El ajolote es la imagen perfecta para ocultar la realidad.