La palabra Sudán, que proviene del árabe para nombrar una vasta tierra de pobladores con tez negra, invoca en México desconocimiento y un poco de envidia. Ese país tiene el récord de más pirámides registradas en el mundo. Casi duplica las de Egipto. Parece ser que México logra el honroso tercer lugar.
Sudán es hoy tierra de desdicha y olvido frente a otros conflictos más llamativos en Gaza, Ucrania o Irán que distraen esta infausta circunstancia que Tom Fletcher, jefe de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, llamó “el laboratorio de los horrores”. La catástrofe sudanesa es hoy la peor crisis humanitaria del mundo: 13 millones de personas desplazadas; como si toda la población de Bélgica hubiera tenido que abandonar su casa. Un cuarto de millón de muertos; 13 mil civiles asesinados en 2025, cifra que triplica años anteriores. 21 millones de sudaneses con hambre y una generación iletrada.
El 15 de abril pasado se cumplieron tres años del estallido de esta guerra. Dos facciones militares (una de ellas paramilitar) dieron un golpe de estado y posteriormente entraron en cruento conflicto entre sí. Debido a la efeméride, ese día se celebró la 3ª Conferencia Internacional sobre Sudán, organizada por Alemania. Algunos la llaman “Conferencia de Berlín”, pero repiensan de inmediato semejante título para evitar aludir a la aciaga reunión en 1884 cuando las potencias coloniales se repartían obscenamente toda África. Bismarck convocó ese año a catorce países con insaciable voracidad sobre las riquezas africanas.
La conferencia de este abril, dedicada a Sudán, convocó 60 país y numerosas organizaciones. Se dice que concluyó exitosa, pero más como intento por enmendar una culpa imposible de expiar. Se recaudaron 1,500 millones de euros, duplicando contribuciones anteriores. Se emitieron condenas a los ataques étnicos, las violaciones y los bombardeos. Proliferaron resolutivos imperiosos, pero casi imposibles de ejecutar: pidieron transición a un gobierno civil, embargo de armas, alto el fuego y diálogo. Mucho dinero que enfrentará obstrucción y desacuerdos para llegar a sus destinatarios; amarga frustración ante un conflicto que se eterniza.
La paz sigue inalcanzable por el involucramiento y la testarudez de fuerzas externas y grupos que creen obcecadamente en una victoria total. Emiratos Árabes Unidos ha financido un flujo desmedido de armas hacia el general Hemedti y su grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). En contraposición, Eritrea, Turquía, Qatar e Irán se alinean con el ejército formal bajo el general al-Burhan.
En un país totalmente dividido, las RSF tienen una pléyade de coaliciones que se resisten a cualquier acuerdo. Y en el otro lado de la mesa, el ejército formal reconstruye alianza tras alianza con grupos “anti-RSF”, incluyendo rebeldes de Darfur y milicias islamistas (acusadas por EUA de terroristas) con raíces en el anterior régimen contra el que antes se habían levantado en armas.
¿Cómo establecer conversaciones si cada jugador teme que cualquier tregua le traiga represalias? ¿Cómo sentarse a negociar si el ejército formal exige el desarme total de las RSF, y las RSF exigen la salida de la política del ejército? ¿Cómo avanzar si los principales mediadores externos, el “Quad”, liderado por EUA, integra diplomáticos estadounidenses, egipcios, sauditas y también emiratís? Estos dos últimos países tienen intereses en la guerra y están enfrascadas en una disputa sobre el diseño del futuro regional en Medio Oriente.
Tan sólo hay que recordar el incidente de Hadramawt en Yemen en diciembre pasado, cuando Arabia Saudita bombardeó buques emiratíes, incrementando tensiones que algunos funcionarios atribuyen a intereses contrapuestos en Sudán. El ajedrez regional del Medio Oriente y del este de África está totalmente entremezclado. Algunas voces, incluso, afirman que las aspiraciones de los jugadores externos en África incluyen temas de producción alimentaria para los próximos siglos: acceso a tierra fértil, agua, minerales preciosos y mano de obra indispensable. China, más sutilmente, mantiene una lógica similar con inversiones descomunales por 400 mil millones de dólares entre 2003 y 2022 (en 2024 abrió créditos por 30 mil millones, 34% más respecto al año anterior).
Las conferencias de Berlín del siglo XIX y el XXI son totalmente distintas, lamentablemente el apetito por África y el sufrimiento de poblaciones enteras que son apenas valoradas se expresa irreductible.