En un país donde a la gestión del agua y a la protección de los ecosistemas urbanos se les está dando la importancia que merecen, surge una oportunidad histórica para articular ciencia, política pública y acción comunitaria. El Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha desarrollado a lo largo de décadas un capital científico sólido en hidráulica, ingeniería ambiental y gestión de recursos hídricos, capacidades que pueden transformarse en pilares para proyectos ambientales urbanísticos en la Ciudad de México.
Este lunes 19 de enero tuve el gusto de visitar el Instituto de Ingeniería de la UNAM y sostener una conversación con su directora, la doctora Rosa María Ramírez Zamora, un encuentro que confirma que la ciencia pública mexicana tiene la capacidad técnica y la voluntad para incidir de manera directa en los grandes retos ambientales de la Ciudad de México. Dentro del Instituto, la subdirección de Hidráulica y Ambiental concentra esfuerzos de investigación aplicados a temas cruciales como el control y aprovechamiento del agua, el diseño de obras hidráulicas, el tratamiento y la potabilización del agua, así como la protección ambiental frente a impactos humanos.
Esta especialidad interdisciplinaria que reúne ingenieros, técnicos y becarios de diversas disciplinas, se alinea de manera natural con los objetivos del Gabinete de Barrancas, resulta estratégico el integrar al Instituto de Ingeniería de la UNAM a este proyecto, aportando evidencia científica, modulación hidráulica y criterios de ingeniería ambiental, un espacio de coordinación gubernamental orientado a la recuperación, limpieza y mantenimiento de las barrancas urbanas de la CDMX, esenciales para la regulación natural del agua en el valle y la mitigación de riesgos ante lluvias torrenciales.
Paralelamente, unidades especializadas como la Unidad de Proyectos e Investigación en Ingeniería Ambiental de la UNAM, trabajan desde hace años en áreas como el manejo integral del agua, tratamiento de aguas residuales, eficiencia hídrica, manejo de residuos y sustentabilidad, generando diagnósticos técnicos, simulaciones hidráulicas y diseños de sistemas de distribución y recuperación de agua en contextos urbanos e industriales. Imaginemos por un momento que la experiencia de la UNAM no quede confinada a artículos científicos o tesis: como ya lo he mencionado en diferentes columnas que he escrito, el proyecto de recuperación del Río La Piedad, abre esa puerta.
Este proyecto que forma parte de un plan integral para recuperar los cauces naturales de ríos que hoy terminan entubados o drenados, plantea la restauración ecológica de sistemas como los ríos Becerra y Tacubaya, alimentadores naturales del sistema hídrico urbano, así como la reconexión con el Viaducto Río de la Piedad. Aquí, el aporte del Instituto de Ingeniería puede ser invaluable: desde la modelación hidráulica de cuencas, el diseño de estructuras que permitan el restablecimiento de cauces y la mitigación de riesgos de inundación, hasta la optimización del uso del agua tratada y su incorporación a soluciones urbanas de agua regenerada. Con rigor científico, estos métodos pueden ayudar no solo a limpiar y restaurar, sino a reintegrar esos ríos como corredores ecológicos integrales al tejido urbano, mejorando la calidad del agua, la biodiversidad y la experiencia cívica de quienes habitan la ciudad.
Otra de mis iniciativas que puse sobre la mesa en mi visita al Intituto de Ingeniería de la UNAM, es la transformación de los vasos reguladores en Iztapalapa: El Salado y Laguna Mayor (Guelatao), en sistemas de lagunas de aguas artificiales con potencial de captar y tratar agua para uso urbano y quizá potable. Este tipo de infraestructura si se planifica con rigor técnico y ecológico puede convertirse en un símbolo de sostenibilidad urbana, al integrar tratamiento biológico de agua, recarga de acuíferos, regulación térmica, hábitats verdes y espacios públicos. Aquí también el Instituto de Ingeniería tiene mucho que aportar: investigaciones en manejo integral de recursos hídricos y ambientes sustentables pueden guiar el diseño de lagunas artificiales que funcionen como herramientas de resiliencia climática y contribuyan a una ciudad más verde y viva, porque cuando la ciencia, la política pública y la ciudadanía convergen, las aguas vuelven a fluir claras y libres.