La visita de Greer, una renegociación inevitable

30 de Abril de 2026

La visita de Greer, una renegociación inevitable

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Pablo Trejo

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EjeCentral

La visita del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer, a México el pasado 20 de abril de 2026, bajo la sombra de una presidencia de Claudia Sheinbaum y la gestión económica de Marcelo Ebrard, no debe leerse como un mero trámite diplomático de rutina.

Lejos de ser un encuentro protocolario, este desplazamiento constituye el primer síntoma clínico de que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se encuentra en una fase crítica que anticipa su inminente renegociación y actualización sustancial.

Lo que ocurrió en la Ciudad de México trasciende la agenda pública de “acero, aluminio, sector automotriz y agropecuario”. La mera convocatoria a una “segunda ronda de negociaciones técnicas” en abril, con la fecha de inicio oficial de las negociaciones formales fijada para la semana del 25 de mayo, revela una urgencia estratégica que el texto original del tratado no contemplaba con tal intensidad en esta etapa temprana.

La declaración conjunta emitida tras el encuentro, donde se habla de “fortalecer las reglas de origen” y “resolver irritantes bilaterales”, es, en realidad, un eufemismo diplomático para lo que está por venir: una reescritura de las condiciones de acceso al mercado norteamericano.

El detalle más revelador, y que a menudo pasa desapercibido en los titulares optimistas, es el enfoque en la “seguridad económica” y los “minerales críticos”. Esto indica que Washington ya no ve al T-MEC simplemente como un acuerdo de libre comercio, sino como un instrumento de seguridad nacional y contención geopolítica.

La insistencia estadounidense en evitar que México sirva de puerta trasera para productos chinos, mencionada explícitamente por funcionarios de la administración de EU, sugiere que la próxima versión del tratado será mucho más proteccionista y menos flexible en cuanto a la procedencia de las cadenas de suministro.

Para México, esto representa un desafío existencial. La visita de Greer es la confirmación de que la ventana de oportunidad para mantener el statu quo se está cerrando.
Las discusiones sobre el sector automotriz y el acero no son meros ajustes técnicos; son la antesala de una redefinición de qué constituye hecho en Norteamérica. Si las nuevas reglas de origen se endurecen, la industria mexicana deberá adaptarse rápidamente o enfrentar barreras arancelarias que podrían desmantelar décadas de integración productiva.

Es interesante notar la discrepancia entre el tono bastante cordial reportado por Ebrard y la postura pública más confrontacional que ha caracterizado a ciertos sectores de la política comercial estadounidense en meses recientes. Esta dualidad sugiere que, mientras la diplomacia busca mantener la estabilidad, los engranajes de la renegociación ya están en movimiento.

La fecha límite de julio de 2026 para la revisión formal del tratado, que determinará su continuidad bajo su cláusula de caducidad, actúa ahora como un reloj de cuenta regresiva que presiona a ambas partes.

Así, la visita de Jamieson Greer no es un evento aislado, sino el preludio de una transformación profunda del marco comercial que ha sostenido a la economía mexicana durante años.

El T-MEC se encuentra bajo un proceso que va más allá de una inspección superficial; está siendo sometido a una cirugía mayor. La actualización que se avecina probablemente priorizará la soberanía industrial de EU sobre la eficiencia del libre comercio, obligando a México a reconfigurar su estrategia económica.

Quien crea que este tratado saldrá de esta revisión con la misma estructura que entró, está ignorando las señales claras que la visita de abril dejó en el aire: la renegociación no es una posibilidad, es una certeza que se está gestando en las mesas de negociación técnica.

*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco

X: @PabloTrejoizt