Mi abuelo fue un republicano español refugiado en México. Cuando le preguntaban sobre sus orígenes en un pequeño pueblo catalán, El Molar, contestaba: “yo pertenecía a la Casa de la Flora”. Pocas concepciones más medievales de lo que consideraba “su familia”. Las familias europeas funcionaron antiguamente como unidades sociales y —cabe subrayarlo— económicas organizadas alrededor de la pertenencia a una “Casa”, más que a relaciones biológicas.
La Revolución Industrial trastocó esa lógica agrícola con industrias y urbanización que llevaron a la gente a atiborrarse en los centros de trabajo. Se formó un nuevo modelo de familia, idealizado, que hoy llamamos “tradicional”, a pesar de su novedad histórica y escasa longevidad: “el padre, la madre y sus hijos”.
Ha llegado a mis manos la documentación sobre el día 15 de mayo, cuando se celebra el Día Internacional de las Familias (así, en plural para reconocer su diversidad y transformación). Es la fecha establecida por la ONU desde 1993 con el fin de reconocer a la estructura familiar como fundamento social y base de la educación de nuevas generaciones. Muestra la creciente aceptación de que las familias han variado según lugar y cultura, pero que están al vórtice de sus mayores cambios de la historia.
Habrá eventos, talleres, conferencias, programas de televisión y de radio con claro asentimiento de que cada familia es diferente, tiene su historia y puede orientarse a la atención de los más diversos temas: desde 2022 la ONU puso el acento en “familia y combate al cambio climático” como Objetivo de Desarrollo Sostenible. En 2026 se seguirá poniendo atención al clima, a la par de la urbanización y la tecnología (especialmente el Internet) que tanto propician una brecha entre padres e hijos.
En África, la familia es una entidad extendida: redes de vínculos de parentesco que trascienden los padres biológicos. No es algo anticuado, sino un método de interacción funcional. Tan solo leyendo la novelística africana, por ejemplo Medio sol amarillo de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, se siente que ninguna decisión puede ser entendida si no es por una concepción de familia que abarca otras generaciones, primos, sirvientes, colegas y amigos acogidos entre brazos generosos de afección.
Los ejemplos abundan: en Indonesia los Madureses tienen una de las familias más extendidas, basada en una inercia patriarcal, pero viviendo en la proximidad o en la casa de la familia de la esposa. Añaden la jerarquía por edad y el honor de orden religioso. En la tribu Nyishi del Arunachal Pradesh en la India, la familia se sustenta en las obligaciones ecológicas: la cantidad de naturaleza que el grupo pueda cuidar conforma el vínculo familiar.
El confucianismo constituye la base familiar en Asia: implica una piedad filial (obediencia, devoción y cuidado de los viejos) que Occidente no comprende cabalmente. Igual ocurre con el orden jerárquico entre hermanos y la prioridad que se da a los intereses del hogar sobre las preferencias individuales. El mandarín preserva distinciones lingüísticas para designar parientes maternos o paternos, hermanos mayores o menores, así como categorías de cuñados.
Hace poco más de 20 años, México fomentó en la ONU una conferencia sobre la familia. Originalmente se buscaba una evaluación de los primeros 10 años transcurridos desde 1994 cuando fue el Año Internacional de la Familia. Lamentablemente ese esfuerzo estaba imbricado por una concepción conservadora y limitada. Se dice que ciertas ONGs influyeron sobremanera, pero el caso es que se marcó una división entre la iniciativa mexicana y la agenda oficial de ONU que impulsó la Cumbre Mundial de la Familia en Sanya, China, con un enfoque orientado a las Metas de Desarrollo del Milenio. México organizó el III Congreso Mundial de las Familias que alimentó, hacia futuro, procesos como los Congresos Mundiales de las Familias y el CIFAM de orden muy tradicional.
México como país con más de 11% de hogares monoparentales, 28% de familias ampliadas y un creciente número de hogares unipersonales, ha retomado hacia el ámbito internacional un activismo más progresista con una visión extensa sobre la diversidad familiar. Las instituciones mexicanas entienden que no existe un solo modelo de familia y nuestro marco legal incorpora ya un concepto de diversidad familiar fuerte, amplio e inequívoco.