Lo que el sonido dibuja

28 de Abril de 2026

Lo que el sonido dibuja

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Hay una pregunta que el proyecto artístico Rosco lleva inscrita en su propio proceso: ¿cómo se ve el sonido? La pregunta es la esencia de su técnica. Hace unos días una amiga me presentó la obra de Ro. Mediante el uso de un algoritmo se analiza una pintura al óleo del artista y se obtiene un mapa topográfico: donde hay bajo contraste, el terreno es plano; donde hay alto contraste, el terreno se eleva. Ese relieve digital se introduce en una caja y se le inyecta sonido. El sonido, diseñado como líquido, fluye por los desniveles y deja trayectorias exactas. Esas trayectorias se envían al plotter, que las traza con precisión milixésimal sobre el lienzo original. El resultado es una obra que combina los trazos del artista con una interpretación algorítmica de esos mismos trazos.

Una de esas obras se llama “Mar”. La pintura de base tiene una calidad geológica casi involuntaria: masas de ocre y beige que se elevan como crestas, grises verdosos que se asientan como sedimento, blancos que fluyen entre las formas. Antes de que el algoritmo intervenga, el lienzo ya parece un mapa de relieve visto desde arriba. Lo que el ojo lee como abstracción, la máquina lo lee como topografía. Y el título no describe lo que se ve sino lo que se escuchó: el sonido del mar fue el líquido que fluyó por la pintura y dejó sus trayectorias. La obra guarda esa historia en un chip NFC incrustado en el marco, que al acercarlo con el teléfono abre el video del proceso generativo completo. De este modo la transparencia del proceso se convierte en parte de la obra.

Vale la pena detenerse en ese detalle porque es, precisamente, la contribución que hace Rosco al debate sobre inteligencia artificial y arte. En marzo de 2025, OpenAI lanzó una actualización de su generador de imágenes que permitía convertir fotografías en ilustraciones al estilo de Studio Ghibli. Un estilo construido fotograma a fotograma durante décadas, replicado en segundos, sin que el estudio japonés fuera consultado, compensado ni siquiera mencionado. El cofundador de Ghibli, Hayao Miyazaki, había sido explícito años antes sobre su postura: lo que producía la inteligencia artificial le parecía un insulto a la vida misma, pero su opinión no cambió el resultado, el debate sobre derechos del uso de un estilo artístico se mantiene abierto.

La artista Sarah Andersen descubrió que escribir su nombre como instrucción en Stable Diffusion producía imágenes reconociblemente suyas. Interpuso una demanda colectiva que apuntaba a algo más estructural que una infracción puntual: alguien usó su trabajo para construir un sistema que ahora compite con ella. Una encuesta de la Artists Rights Alliance publicada en 2025 encontró que tres de cada cuatro artistas visuales profesionales reportaron pérdida de ingresos atribuible directamente a que sus clientes sustituyeron trabajo encargado por imágenes generadas con inteligencia artificial.

Frente a ese panorama, el trabajo de Rosco ilumina dónde está exactamente la línea. El algoritmo no tomó ninguna decisión creativa propia: ejecutó las consecuencias físicas de decisiones que el artista ya había tomado con el pincel. El sonido no reemplazó al artista, y el resultado no es una imitación de nadie: es una obra que no podría existir sin la pintura original, y que a su vez transforma esa pintura en algo que el pincel solo no hubiera podido producir. Eso es lo que hace que la pregunta sea difícil: la inteligencia artificial no es buena o mala en abstracto. Depende de quién controla qué, sobre qué material y con qué transparencia.

La historia de otras industrias creativas sugiere que este tipo de distinción termina institucionalizándose. Cuando la radio comercial se masificó en los años veinte, los músicos enfrentaron un problema similar: su trabajo sonaba en millones de hogares sin que recibieran nada. La solución tardó años en aparecer: organizaciones de gestión colectiva que convirtieron el uso masivo de una obra en una obligación remunerable. En 2023, los sindicatos de Hollywood arrancaron cláusulas concretas sobre inteligencia artificial después de una huelga que paralizó la industria. El patrón muestra que la tecnología llega primero, destruye temporalmente los modelos existentes, y eventualmente aparecen reglas.

Por eso “Mar”, la pintura de Ro, es una propuesta implícita sobre cómo podría verse una relación balanceada entre el artista y el algoritmo: consentimiento, control, transparencia, atribución. El chip NFC que documenta el proceso no es un accesorio tecnológico; es la respuesta que el mercado masivo de generación de imágenes podría dar. Que esa respuesta venga de un proyecto mexicano que se pregunta cómo se vería el sonido, dice mucho sobre dónde suelen nacer las ideas que importan.