Los domingos después del divorcio

27 de Mayo de 2026

Los domingos después del divorcio

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Rosalinda De León Zamora.

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Foto: EjeCentral

Todavía hay algo especial de los domingos en familia. Es el día de comer juntos, visitar a los abuelos, ver a los hijos jugar, descansar después de una semana pesada o simplemente compartir tiempo. Sin embargo, cuando una pareja se separa, incluso algo tan cotidiano como un domingo puede convertirse en un tema complejo.

En el Derecho de Familia, existen términos como guarda y custodia, régimen de convivencias o patria potestad. Pero detrás de todo ello, hay emociones reales: padres que extrañan a sus hijos, madres que sienten miedo, niñas y niños que deben adaptarse a nuevas dinámicas y familias enteras que intentan aprender a convivir de una manera distinta.

Por qué, aunque el divorcio (o la separación) pone fin a una relación de pareja, no termina la maternidad, ni la paternidad. Ningún padre, ninguna madre puede divorciarse de su hijo, de su hija.

Cada vez más común que los padres vivan en distintas alcaldías, ciudades e incluso países. Hay hijos que ven a uno de sus padres únicamente algunos fines de semana; otros mantienen contacto mediante videollamadas; algunos esperan con emoción las vacaciones para poder convivir más tiempo. Y aunque la tecnología ayuda, también deja ver una realidad emocional difícil: ningún teléfono sustituye completamente un abrazo, una comida juntos o una tarde compartida.

En los juzgados familiares, uno de los temas que más sensibilidad requiere es precisamente el régimen de convivencias. No solamente porque se trata de organizar tiempo y días, sino porque muchas veces aparecen detalles que antes no parecían importantes. Hay madres o padres custodios que sienten angustia de que los niños y niñas no regresen después de una visita o unas vacaciones. También temen convertirse poco a poco en visitantes dentro de su propia historia familiar, y en casos extremos, hay quienes se sienten que son “cuidadores del sueño”, pues sucede en ocasiones que quienes tienen cargas de trabajo fuertes [y están al cargo de sus hijos], llegan a manifestar que solamente ven a sus hijos mientras están dormidos y que el día que sus hijos salen le resta tiempo a su convivencia familiar.

Y ambos sentimientos, aunque distintos, suelen surgir del mismo lugar: el amor y el temor por querer ver crecer a un hijo, y por ende, querer ser parte de su vida.

Por eso, las convivencias con los hijos no son “permisos” que un padre concede al otro. En realidad, representan el derecho de niñas, niños y adolescentes de mantener una relación cercana y sana con su familia, siempre que ello sea benéfico para su bienestar.

A veces las familias logran construir nuevas formas de convivencia, existen domingos que se reparten entre dos casas; cumpleaños celebrados en distintos días. Hay videollamadas nocturnas para preguntar como estuvo la escuela. Es común saber de padres que viajan horas para asistir a un festival escolar de unos minutos. También hay madres que, pese a las diferencias personales, entienden la importancia de que sus hijos sigan construyendo recuerdos con su padre. Porque al final, los hijos no tienen que cargar con las rupturas emocionales de los adultos.

Separarse nunca es sencillo, y tiene implicaciones legales. Y romper con una pareja cuando existen hijos en común implica aprender una de las tareas más difíciles: dejar atrás el conflicto de pareja sin destruir la relación familiar.

Es por esto que el Derecho Familiar pone el interés superior de niñas, niños y adolescentes en el centro de toda controversia en la que se involucran hijos. No es para obligar a los padres a permanecer juntos, sino para recordar algo elemental: los hijos necesitan estabilidad emocional, presencia, afecto y vínculos sanos con su familia, con ambas partes de la controversia.

Los matrimonios pueden terminar. Las relaciones cambian. La vida toma caminos distintos. Pero para un hijo, el cariño, la atención y la presencia de sus padres siguen siendo importantes, incluso después de un divorcio o de una separación.

Porque las parejas se separan, pero no se divorcian de sus hijos.