McKinley y Groenlandia

13 de Enero de 2026

Rubén Moreira Valdez
Rubén Moreira Valdez
Exgobernador de Coahuila y diputado federal en cuatro ocasiones. Editorialista en El Heraldo de México, El Sol de México, La Prensa de Coahuila, Reporte Índigo, Quadratín, entre otros. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, A. C., así como de la Academia Nacional de Historia y Geografía.

McKinley y Groenlandia

Rubén Moreira Valdez

Rubén Moreira Valdez.

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EjeCentral

Guam es una remota isla del Pacífico, famosa por una cruenta batalla de la Segunda Guerra Mundial. Descubierta y colonizada por españoles en el siglo XVI, vio pasar a Magallanes, Legazpi, Urdaneta y al Galeón de Manila que unía Asia con Acapulco. Los jesuitas dejaron su marca en el lugar y los chamorros – como se conoce a los habitantes originarios – han padecido a europeos, novohispanos, nipones y gringos.

En el discurso de inicio de mandato, escuchamos a Donald Trump mencionar a William McKinley, vigésimo quinto presidente de la Unión. Una de las referencias fue para señalar que la montaña más alta del país sería designada nuevamente con el apellido de ese peculiar político.

Si para los Estados Unidos el siglo XX es el de su consolidación como un imperio, el XIX es el de su crecimiento territorial. Trece pequeñas colonias en unos pocos años se adueñan por la buena o por la mala del espacio que ellos reclaman como vital; un buen cacho era de México y en particular de Coahuila. No son los únicos que necesitaban tierra para satisfacer sus ambiciones y pronto aparecería el imperio del sol naciente con una industria en ciernes que reclamaba materias primas. Unas décadas después, esas ambiciones, más las de germanos e italianos, desencadenarían dos conflagraciones de carácter mundial.

McKinley nació en 1843 en Ohio y en 1901 se fue al otro mundo. Andaba en una gira política en Búfalo, Nueva York, y le pegaron dos tiros. Participó en la Guerra de Secesión, ejerció como abogado y, antes de ser presidente, se desempeñó como congresista y gobernador de su estado. Por cierto, para ganar la carrera a la Casa Blanca, se alió con Mark Hanna, un ricachón a quien se atribuye la invención de las campañas políticas modernas. El tipo era bueno para recaudar fondos, polarizar y generar la ilusión de una América próspera.

Con McKinley, los gringos fueron a la guerra contra España y se quedaron con Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Terminó el viejo imperio que nació 400 años atrás con los Reyes Católicos e inició uno que ya cumple más de un siglo. El “desastre del 98”, como se conoce a estos sucesos, inició cuando el acorazado Maine, de bandera norteamericana, voló por los aires en la bahía de La Habana. Hay que aclarar que el buque llegó y entró al puerto sin ser invitado y, cuando tronó, su comandante estaba en una amena y tensa tertulia que en su honor organizaron las autoridades españolas.

McKinley, conocido como el “Napoleón de la protección”, puso aranceles de 50 por ciento a los productos extranjeros y designó a Terence Powderly como comisionado de inmigración. El tipo era líder de una secta denominada “Knights of Labor” y se distinguía por su poca tolerancia a los migrantes chinos. A los orientales les fue mal en los United y años después en México, donde las incipientes oligarquías norteñas les organizarían varias matanzas.

Guam alguna vez estuvo subordinado a la Nueva España, los nativos de Alaska llamaban Denali al monte recién bautizado y Estados Unidos, no obstante, las agresiones que sufrimos en el diecinueve recibió nuestro apoyo en la Gran Guerra; para mayor ilustración sobre la solidaridad azteca, les recomiendo 3 de Diana del coahuilense Francisco L. Urquizo.

Los países ricos y poderosos, tarde o temprano, agarran de piñata a los que no lo son. Por ello no hay que dar pretextos y pensar siempre en los intereses patrios. Hoy, por los prejuicios y puntadas de Morena, somos más dependientes del extranjero en alimentos y energía; reina la inseguridad, la sociedad se encuentra dividida, las instituciones son débiles y la economía no crece.

El mesías que decía conocer la historia es un fiasco; nos puso en los mismos riesgos del siglo XIX. (El noventa y cinco por ciento de esta columna es un refrito de una publicada hace un año).

P. D. por aquello de Groenlandia, les recuerdo que a McKinley también se debe que Hawái sea una estrella en la bandera americana.