México en el discurso, pero fuera de la mesa

11 de Marzo de 2026

México en el discurso, pero fuera de la mesa

Brenda Peña

Brenda Peña.

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EjeCentral

México no fue invitado a la mesa, pero terminó siendo el tema central.

El fin de semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump reunió en Miami a doce mandatarios de América Latina y el Caribe para lanzar el llamado Escudo de las Américas, una alianza regional con la que Washington busca coordinar una estrategia más agresiva contra los cárteles del narcotráfico.

En ese encuentro participaron gobiernos cercanos a la agenda de seguridad del mandatario estadounidense, mientras que países como México, Brasil o Colombia quedaron fuera.

La ausencia de México resulta difícil de ignorar. No sólo comparte con Estados Unidos más de tres mil kilómetros de frontera, también es uno de los países clave en cualquier discusión sobre el tráfico de drogas hacia el mercado estadounidense. Sin embargo, mientras México no estuvo en la mesa, sí estuvo en el centro del discurso.

Durante la cumbre, Trump afirmó que México es “el epicentro de la violencia de los cárteles” en el hemisferio y sostuvo que estas organizaciones criminales alimentan gran parte del caos, y el derramamiento de sangre en la región.

No es una frase menor. Es un diagnóstico político que coloca a México no como socio en el combate al crimen organizado, sino como origen del problema.

Trump incluso volvió a plantear que la única manera de derrotar a los cárteles es mediante el uso de fuerza militar. En su discurso habló de una coalición regional y reiteró que Estados Unidos está dispuesto a utilizar “fuerza letal” contra estas organizaciones.

El mensaje es claro: Washington quiere construir una alianza hemisférica con gobiernos afines mientras aumenta la presión política sobre México.

La reacción del gobierno mexicano llegó poco después. La presidenta Claudia Sheinbaum pidió mantener “cabeza fría” frente a las declaraciones del mandatario estadounidense y reiteró que México no permitirá intervenciones militares extranjeras en su territorio.

La respuesta es prudente, pero deja abierta una pregunta inevitable: ¿es suficiente?

Porque más allá de la retórica de campaña que suele acompañar a Trump, lo que ocurrió en Miami tiene implicaciones reales. La creación de una alianza regional contra los cárteles sin la participación de México envía una señal política potente. Estados Unidos está dispuesto a rediseñar su estrategia hemisférica sin contar necesariamente con su vecino más cercano. Y eso cambia el tablero.

Durante décadas, la cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad ha sido compleja, pero inevitable. La frontera compartida, el comercio y el flujo de drogas hacen imposible pensar una estrategia efectiva sin coordinación entre ambos países.

Por eso la escena del fin de semana resulta tan reveladora. En una cumbre diseñada para combatir a los cárteles, el país que está en el centro del problema y también de la solución no estuvo presente.

En diplomacia, las ausencias nunca son casuales.

Y en esta ocasión, la ausencia de México dice tanto como las palabras de Trump.