Muchos años más al presupuesto participativo

13 de Enero de 2026

Cecilia Aída Hernández Cruz
Cecilia Aída Hernández Cruz
Consejera Electoral del Instituto Electoral de la Ciudad de México

Muchos años más al presupuesto participativo

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Cecilia Aída Hernández Cruz.

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EjeCentral

En Iztacalco, como en otras partes de la CDMX, la palabra inundación es rutina de temporada. Por eso, cuando un grupo de vecinas y vecinos empujó el Proyecto Tláloc, que es un sistema de infiltración pluvial pensado para recargar el subsuelo y ayudar a prevenir socavones, hundimientos e inundaciones, lo que estaban poniendo sobre la mesa era una solución de supervivencia urbana. Ese proyecto fue uno de los 10 proyectos novedosos del Presupuesto Participativo 2025.

Este año, el presupuesto participativo en la CDMX cumple 15 años de ejercicio continuo. Quince años en los que la ciudad ha sostenido, año con año, una idea sencilla y poderosa: que la ciudadanía decida directamente una parte del gasto público para mejorar su entorno inmediato. Para 2026, además, no estamos hablando de cambios chiquitos, el monto total etiquetado para presupuesto participativo asciende a 2,304,009 pesos, recurso que equivale al 4% del presupuesto total de las alcaldías, a distribuirse en las 1,851 Unidades Territoriales.

Cuando se mira con perspectiva comparada, la Ciudad de México conversa de tú a tú con otras grandes ciudades. Madrid, por ejemplo, tiene un sistema consolidado de presupuestos participativos en su plataforma Decide Madrid, donde la ciudadanía propone y vota proyectos. Y para el ciclo 2026–2027, el propio Ayuntamiento ha fijado un monto de 50 millones de euros para que la gente establezca prioridades de gasto. París lanzó su “Budget Participatif” en 2014 y lo convirtió en un proceso anual con etapas de propuesta, análisis técnico, votación e implementación. Seúl implementó desde 2012 su sistema de presupuesto participativo, con asignaciones anuales estables reportadas por su gobierno metropolitano. Lisboa, por su parte, es referencia europea con el Orçamento Participativo a escala municipal desde 2008, y la propia ciudad mantiene un portal específico para el proceso.

El presupuesto participativo mexicano tiene recursos etiquetados fijos, tenemos al Instituto Electoral de la Ciudad de México que le da forma y estructura a cada una de sus etapas, cuidando en todo momento la transparencia, la certeza y legalidad del proceso, tenemos un sistema electrónico por internet de vanguardia mundial, que genera certeza, comodidad y agilidad a la ciudadanía, además que permite garantizar los derechos de grupos específicos como las personas en prisión preventiva, en estado de postración y sus cuidadoras primarias, así como las personas oriundas de la CDMX, radicadas en el extranjero.

En el listado de proyectos de 2025, conviven un huerto urbano en Actipan, un pozo de recuperación de agua de lluvia en la Benito Juárez, la rehabilitación integral de un parque en San Miguel Teotongo, un jardín vertical con iluminación sustentable en Iztapalapa y una velaria y espacio de encuentro comunitario en Santa Cecilia, Tláhuac. Lo más importante es que no es una sola agenda, son muchas ciudades dentro de la ciudad.

Una característica importante es que el presupuesto participativo de la CDMX, dialoga con realidades comunitarias que en otras latitudes apenas se están aprendiendo a reconocer. En los pueblos originarios de la CDMX, no se realiza una consulta como tal, son las autoridades tradicionales representativas, en acuerdo con la comunidad y conforme a sus sistemas normativos y formas de organización internas, quienes determinan el proyecto en un acto de deliberación y decisión, siempre con el límite claro de no afectar derechos humanos ni discriminar.

Los retos para nuestra ciudad son varios. El más importante: que la gente conozca, que proponga, que vote, que vigile. Para ello, es muy importante la colaboración de todas las autoridades, incluidas las entidades del gobierno de la ciudad y las alcaldías. También la comunidad académica, los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil, incluso las empresas. Todos y todas tenemos un objetivo común: vivir mejor en la CDMX.

Si algo muestran estos 15 años, es que la democracia se desgasta cuando se queda en discurso, pero se fortalece cuando se vuelve experiencia. En la CDMX, decidir entre recuperar un parque o infiltrar agua de lluvia para evitar inundaciones, no es un ejercicio menor: es aprender, con presupuesto real, que lo público también es nuestro.

Por muchos más años del presupuesto participativo en la CDMX.