Con la muerte de Hayden Panettiere a los 36 años de edad, en Hollywood se reavivaron las teorías de conspiración alrededor de Jeffrey Epstein y las redes de pedófilos internacionales. La actriz acababa de publicar una autobiografía y se le vio muy activa en medios de comunicación, hablando sobre las dificultades que atravesó más joven, incluída una anécdota que se volvió viral sobre estar atrapada en un yate a los 18 años con un famoso cantante mayor que ella.
Aunque los hechos no tienen relación directa con teorías como la del Pizzagate, pues Panettiere explicó que se vio envuelta en tal situación por culpa de una amiga cercana, y el cantante que se mostró desnudo ante ella era un británico de 30-y-tantos años que permanece anónimo, los conspiracionistas han encontrado la manera de conectar la sospechosa muerte de la joven actriz con otros escándalos de explotación sexual.
Hay que ser honestos y preguntarnos, ¿desde cuándo es secreto que existe el tráfico sexual y que tiene fuertes nexos con el espectáculo? Cuando estalló el escándalo de Jeffrey Epstein en 2005, los medios de comunicación y la sociedad en general se han venido comportando como si esto fuera un gran misterio que nadie conocía. Cuanto más pasa el tiempo, las historias sobre una red de pedófilos internacional han ganado estatus de teoría de conspiración, pero nunca han sido ni conspiración ni secreto.
Con la reciente exhibición en salas de cine mexicanas de un ciclo alrededor del célebre director David Lynch, volver a ver sus clásicos en el contexto actual se siente como una experiencia aterradora por la vigencia de lo que cuenta. La violencia sexual, la explotación de las mujeres, la trata de personas, las mafias del poder y su conexión con Hollywood, todo está dicho en su muy personal estilo, en películas como Blue Velvet, Lost Highway, Inland Empire, y sí, hasta en la figura trágica de Laura Palmer, la eterna víctima de su clásico de culto, Twin Peaks.
Pero si nos vamos más atrás, la explotación sexual infantil a manos de los poderosos ha sido abordada en el cine en clásicos como Saló o los 120 días de Sodoma (1975), del director italiano Pier Paolo Pasolini. Y hago énfasis en la palabra “clásicos”, porque no estamos hablando de películas desconocidas, sino de producciones de alto perfil donde siempre se nos ha mostrado la corrupción dentro de las clases privilegiadas y cómo sus brazos se extienden hacia el espectáculo para influir en la sociedad.
Insisto, no es ningún misterio. Clásicos como Sunset Boulevard (1950), L.A. Confidential (1997) y Mulholland Drive (2001), son películas ganadoras de premios Oscar que hablan de esto. Y las revelaciones continúan en historias como The Black Dahlia (2006), Under the Silver Lake (2018) y Babylon (2022). Incluso, una serie como I Am the Night (2019) pretendía explorar todas estas leyendas, pero fue cancelada tras su primera temporada.
En México no nos quedamos atrás. Ya se nos olvidó, cuando en 2017, hablábamos de un “catálogo de actrices” porque Kate del Castillo destapó un escándalo en su documental Cuando conocí al Chapo, donde dijo que Televisa organizaba comidas privadas con ejecutivos de publicidad para ofrecerles actrices. Posteriormente, la periodista Anabel Hernández retomó el tema en su libro “Emma y las otras señoras del narco”.
Total, que con el caso de Hayden Panettiere se están haciendo las preguntas incorrectas. Deberíamos cuestionar por qué, si algo es tan oculto, los medios de comunicación le darían tanto vuelo a este libro y la invitarían a entrevistas, o por qué estamos hablando ahora de una actriz que no tenía un trabajo destacado desde 2018. La vida no es como en Sound of Freedom (2023), no hay un gran misterio que develar aunque las figuras de la ultraderecha quieran mostrarse como héroes, mientras tapan sus propias conexiones con las mafias que ahora denuncian.