Nueve inviernos en Quebec (primera parte)

31 de Agosto de 2026

Nueve inviernos en Quebec (primera parte)

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Alejandro Estivill

La diplomacia me llevó a servir 8 años como Cónsul General de México en Montreal. Mi esposa aclara: “9 inviernos”. A la manera local, el tiempo se mide en “inviernos”, símbolo de resiliencia.

El quiebre en las negociaciones entre Canadá y EUA respecto al acuerdo comercial en la región, vuelve a colocar la identidad francocanadiense al centro de esta tormenta. Desde los tiempos del famoso NAFTA, hemos tenido clara conciencia de su peculiaridad binacional y han sido los temas de Quebec los que tienden a definir la postura de todo el país.

Canadá reserva prioritariamente su mercado cultural. Cuida exceptuar de cualquier tratado sus políticas de preservación del francés y lo francés. “L’exception culturelle” es famosa desde el acuerdo bilateral entre EUA y Canadá de 1989. Resguarda la obligación derivada de su legislación lingüística (“lois 96 et 101”) para comercio, etiquetado y servicios. EUA la considera barrera comercial. Yo podría platicar largo sobre lo que les ha costado a empresas mexicanas adaptar sus productos al etiquetado y las formas francesas de presentación.

Pero más importante es el sistema de apoyos gubernamentales para producciones audiovisuales: películas y televisión, noticieros, documentales, materiales educativos y de construcción de su identidad… “L’empilement de sources de financement” designa grandes inyecciones de dinero desde los gobiernos federal y provincial, excepciones de impuestos, créditos, acciones afirmativas e incluso cuotas altas de transmisión de productos en francés.

Vivir en Quebec me confirmaba diariamente que los mexicanos somos muy fuertes culturalmente, pero no sentimos día a día que nuestra forma de ser podría eclipsarse pronto, que estuviera bajo asedio, y que su desaparición extinguiría toda nuestra nación. Este temor es omnipresente en Quebec y como nación cohesionada alrededor de la lengua francesa, considera su protección sinónimo de identidad.

Existen peculiaridades productivas, con preeminencia en Quebec, que Canadá considera innegociables. Entre las razones para el quiebre de negociaciones, se destacó “nuevamente” el debate sobre lácteos: La gestion de l’offre, esa manera de producir lácteos en Quebec, es un sistema hiperregulado; el gobierno preestablece, con una medición de la demanda, la capacidad productiva de cada granja por vía de cuotas.

Son pequeños productores funcionando por asociaciones que pugnan por esta alineación entre oferta y demanda. Así se fijan los precios de leche, quesos y yogur… para cada año. Se protegen de variaciones internacionales o climáticas. La importación queda limitada a cubrir carencias.

Canadá ya ha cedido tangencialmente con la apertura de poco más del tres por ciento de su mercado cuando firmó con Europa (CETA) y cuando se sumó al CPTPP. Luego concedió las licencias de importación a sus propios productores principales, como Saputo y Lactalis. Ellos no ven incentivos para competir contra sí mismos con leche extranjera.

EUA desearía que el famoso queso para pizzas, producido económica y extensivamente en el área de Milwaukee, entrara libremente a Canadá. Presiona en correspondencia. Ese queso americano tiene el apodo “C-4” por coincidir en consistencia con las barras explosivas.

Quebec es también el gigante del aluminio. Tiene toda la energía hidroeléctrica capaz de sustentar una gran producción verde y competitiva. Los casi tres millones de toneladas métricas originadas en Quebec constituyen 88% de la producción canadiense del metal ligero. Alcoa, Rio Tinto y la fundidora Alouette exportan masivamente: 12.6% de las exportaciones de Quebec; 95% de ellas llegaba a EUA.

La administración Trump lo considera inaceptable. Tras varias oleadas de aranceles ha chocado con la paradoja: las crisis comerciales detonadas en Ormuz han permitido a Canadá redirigir su aluminio hacia Europa. EUA ve ahora que necesita ese aluminio crucial para su competitividad.

No olvido otras tensiones: Washington intenta impedir que sus socios negocien otros acuerdos con terceros; hay viejas disputas por reglas de origen en el sector automotriz; prevalecen políticas canadienses (muchas quebequenses) respecto al sector de la madera ligera; y las provincias limitan alcohol y productos agrícolas estadounidenses. Pero queda claro que Canadá ha encontrado que su cultura binacional y su identidad misma, al verse embestidas; otorgan la razón para romper. Los réditos son ahora para el país.

Quebec fue motivo de efervescencia histórica, fuente de plebiscitos y desavenencias. Ahora motiva que esta disputa vaya allende la provincia, convertida en símbolo de resiliencia, de cultura diversa y de soberanía de todo el Canadá.