El domingo pasado se llevó a cabo el balotaje en Colombia entre los contendientes Iván Cepeda, quien representa la continuidad del gobierno de Petro, y Abelardo de la Espriella, un outsider de la política y un crítico férreo de los gobiernos de izquierda.
La participación fue histórica pues acudieron a las urnas casi 13 millones de colombianos. Y, aunque el margen fue muy estrecho (49.7 % contra 48.7 %), De la Espriella es de manera oficial el presidente electo de la nación cafetalera. Pero, ¿qué nos deja este viraje en la voluntad de las y los colombianos?
Pues bien, los resultados de la elección presidencial en Colombia nos dejan aprendizajes muy claros. Los partidos políticos en la actualidad ya no conectan con la sociedad; más allá de izquierdas o derechas, la ciudadanía quiere resultados; la aparición de un “outsider” ya no es lo -raro- sino se vuelve la fórmula.
Abelardo De la Espriella surge del hartazgo, no de un partido político; llega después de observar la posibilidad de que Colombia regresara a los tiempos más oscuros, donde no existía seguridad, los cárteles gobernaban, atentados en plazas públicas, pobreza generalizada y la gran polarización que Petro se encargó de acentuar en su mandato; De la Espriella logró que las y los colombianos también vieran esto con preocupación.
Esto no solo sucede en Colombia, es muy claro que los gobiernos que se dicen de izquierda le han fallado al pueblo que tanto dicen proteger. Malas decisiones, políticas insuficientes, corrupción e incongruencias por doquier han hecho que la ciudadanía -urgida de seguridad y estabilidad económica- decida por una alternativa que brinde resultados.
Así, lo que viene sucediendo en Latinoamérica es un claro recordatorio para México. Hoy los partidos y políticos de palabras vacías están muy lejos de las personas. La sociedad necesita respuestas y pronto.