Hay que dimensionar el nivel tan crítico al que hemos llegado. Imagínate una obra de teatro.
Lugar:
Un municipio pequeño, verde y boscoso subido en la sierra del este de Morelos. Frontera con Puebla. Hay que llamarle Temoac. Alturas. Aire claro. Callecitas empedradas que serpentean y al centro una catedral.
Personajes:
-Valentín Lavín. El presidente municipal. Todos sospechan que es criminal, que se junta con el grupo de Los Aparicio.
Acto I:
Matan a Samir Flores Soberanes, activista importante de Temoac. Todo parece indicar que lo mandó matar Valentín.
Acto II:
La gente acusa a Valentín el presidente municipal de estar con Los Aparicio.
Acto III:
Valentín viaja por la Carretera Federal, la México-Oaxaca. De repente una camioneta lo para en seco y lo atacan a balazos. Él sobrevive de milagro, logra escapar.
Acto IV:
Valentín pide protección al Gobierno federal. Nunca se la dan.
Acto V:
Mediodía del martes, entre semana. Dos hombres armados llegan en motocicleta. Irrumpen en el Palacio Municipal de Temoac. Buscan a Valentín el presidente municipal. Lo encuentran. Lo atacan a balazos. Lo matan dentro de su propia oficina.
Lo que pasó la semana pasada con Valentín Lavín en Temoac, Morelos, es buen indicador del nivel tan crítico al que ha llegado la crisis municipal mexicana.
Un municipio dejado de la mano de Dios en donde el crimen pone, quita, hace, deshace y gobierna. Un rincón en donde todos sospechan de las autoridades pero no pueden hacer nada para sacarlas. Un lugar en el que gobierna el sobrino de la principal criminal. Un lugar en donde se pueden meter a la oficina del presidente para matarlo.
El crimen organizado se ha dado cuenta de que la mejor forma de infiltrar la estructura estatal es desde abajo.
Y los gobiernos municipales son presa fácil.
Lugares remotos, policías mal pagadas, estructuras caciquiles. Ausencia de mecanismos de transparencia y protección. Instituciones débiles, poca conexión, ningún monitoreo. Pan comido.
Son fáciles de tomar y además aportan mucho: tierra, espacio, derecho de paso, derecho de piso, impunidad, acceso a las arcas y los recursos naturales, manos, policías, hombres jóvenes, poder.
Esto pasa desde hace mucho. Y esto que estamos viendo ahorita solo es la triste consecuencia de que esto pase hace mucho.
Para la gente es brutal. Significa que la raíz de la planta tiene plaga. Con lo municipal tomado ya no hay derechos, ya no hay protección, ya no hay seguridad. Ya no hay ley. La autoridad más cercana ahora es una megaempresa multinacional dedicada al tráfico de drogas.
Tu libertad acaba en donde empieza mi cuerno de chivo. Y ahí no puede haber servicios, no puede haber programas, no puede haber proyecto. No hay contacto y se rompe de facto la relación de las personas con el Estado en el primer peldaño de la escalera.
Luego dicen que al mexicano no le importa la política. No es que no importe, es que la política que conoce el mexicano es balas, plomo y sangre regada.
Yo tengo la convicción de que la rehabilitación de México empezará en lo local. Habrá que recuperar el centro, aquel lugar desde el cual nos erigimos como sociedades. Habrá que retomar la base antes de expandir a lo general. Habrá que ser buenos vecinos, buenos hermanos. Habrá que educarnos para saber cómo votar, habrá que participar e involucrarnos, habrá que exigir.
Y lo mismo lo tendrán que hacer las autoridades federales. Tendrán que continuar con los operativos contra constelaciones locales, los Enjambres, que han dado buenos resultados. Tendrán que seguir invirtiendo en los jóvenes, en las familias, en la educación. Tendrán que fortalecer las policías locales, tendrán que tener más contacto con los alcaldes. Tendrán que invertirle mil veces más dinero y tiempo, y energía para fortalecer lo municipal.
Tendrán que entender que si no recuperamos lo más básico, va a ser imposible avanzar.