Ser o no ser (austero)

12 de Junio de 2026

Ser o no ser (austero)

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Fernando Székely

Hoy en la política mexicana no hay concepto más desfigurado, enrarecido y manoseado que el de la ‘austeridad’.

Antes, en tiempos de López Obrador, la austeridad estaba más o menos bien delimitada.

Se usaba así:

En el 80% de los casos, cuando hablaba de austeridad, López Obrador se refería a lo propio, a lo privado y personal, al estilo de vida del funcionario.

Significaba no viajes en primera y menos en avión privado. No ropa de marca, no coches o camionetas blindadas. No restaurantes de lujo. No compras caras. No relojes, no joyas, nada de bolsas de diseñador.

En el otro 20% se refería a lo público que él consideraba excesivo y neoliberal. En esos casos el concepto de austeridad refería aquello que él percibía como un gasto público innecesario que servía como mecanismo de las administraciones anteriores para robar.

Se refería a los fideicomisos. Al seguro popular. A la CNH, el IFT y el INAI.

En tiempos obradoristas ‘austeridad’ se refería principalmente a lo privado (a lo conductual del funcionario) y no a lo público. Destinar el concepto únicamente a lo público lo hubiera acercado a él a la derecha, al menos en lo económico.

Jamás significó una contracción del Estado. Jamás significó menos deuda, menos gasto y menos inversión. El Gobierno de López Obrador gastó más que los de sus antecesores.

Bueno. Ha pasado el tiempo. López Obrador ya no está.

Y el concepto de austeridad sigue siendo la torre de un ojo que observa e incomoda desde arriba a los morenistas para mantenerlos a raya.

Pero ellos no quieren estar a raya.

Cada día que pasa sorprenden a otro morenista dándose algún tipo de baño de oro. Volando en business. Zapatos de 40 mil pesos y relojes de 400 mil. Carne dorada en un restaurante exclusivo y viajes a Japón.

Así que, poco a poco, a lo largo del tiempo, los pesados de Morena se han dedicado a desdibujar el concepto, a desfigurarlo, a decir que el político es libre de gastar lo que él quiera y que austeridad siempre se refirió a lo público.

Noroña en particular ha dado cátedra.

Es increíble, pero hoy en día los morenistas se han vuelto defensores celosos no solo de la riqueza privada, sino del derecho natural del político a tener una desbordante, grotesca y abundante riqueza privada.

Este país no le dejó pasar una a Peña Nieto, y con justa razón. Que si el frac que usó cuando conoció a la reina. Que si los vestidos de su esposa. Que si los relojes. Que si la casa blanca.

Pero ahora le cachan una casa cuestionable a Noroña. A otros les cachan departamentos sospechosos. Los hijos de AMLO se divierten en Cartier.

Y medio México defiende su derecho de vivir como duques y emperadores, porque “austeridad se refiere a lo público”.

Al final esa reconfiguración conceptual, que es muy reciente, valida y banaliza los escándalos de los políticos morenistas.

Pero la austeridad como antes se entendía era parte esencial y admirable del legado de López Obrador. Y poco a poco esa parte de su legado está sucumbiendo a las pedradas Loro Piana – Sala VIP – Escalade polarizada.

Austeridad siempre significó que el político no tenía por qué vivir un estilo de vida lujoso y ostentoso. Y ahora los cuatroteístas se baten en el lodo para defender el lujo y el ostento de sus figuras principales.