Muer-T4

25 de Mayo de 2024

Muer-T4

js zolliker

Pidieron que los escucháramos para gobernar, ya gobiernan, pero no nos oyen. Quieren aplausos, no preguntas

Cuando ella llegó, A. ya la estaba esperando. Tenía mucho tiempo en que no se veían de frente. Él se levantó con caballerosidad. Ella, se quitó los grandes lentes obscuros que guardó en su bolsa de mano mientras con media sonrisa, se sentó a marcada distancia y se acomodó el pelo.

—Qué milagro, ¿cómo estás?, ¿qué tal te ha ido de pandemia?

—No me acostumbro a no abrazar, tampoco a no saludar de beso —respondió él con un fino ademán.

—A mí me choca, yo lo prefiero así —interrumpió ella con nerviosa cortesía tajante, mirando hacia el horizonte. No le gustaba que aquel que podría ser su hijo la llamara por teléfono y la convocase con urgencia. Si bien es cierto que durante algún tiempo se había considerado su íntima y cómplice amistad, ahora existía entre ellos cierta frialdad que se reflejaba en los lugares comunes que les imponían sus profundas diferencias políticas. A., por su parte, asintió y pareció querer continuar con la charla sin acuses de importancia, pero pareció arrepentirse y fue directo:

—Está muy molesto. No le gusta cómo lo has tratado.

—Voté por él —contestó mirándolo retadoramente— pero nunca le juré ni fidelidad ni amor eterno. No soy sumisa y eso lo sabes mejor que nadie —sentenció de nuevo.

—Eres una de las plumas más brillantes del país, —reculó él, tratando de liberar la tensión tan rápidamente escalada. Me encantó tu columna de la semana pasada.

—Gracias, querido, siempre da gusto saber que una es leída, pero él no creo que me lea, casi no lee nada, nunca.

—Pero se informa —recalcó A. —Él está al pendiente de todo.

—¿Y de todos? —preguntó ella sin esperar respuesta. —A veces creo que ustedes, quienes debiesen ser sus ojos y oídos, de pronto se han autonombrado sus manos y actúan como un niño que procede creyendo que placerá a su padre sólo por la imagen que de éste se ha auto forjado.

—¡No nos das respiro! —reclamó, arrepintiéndose de
inmediato.

—¿Hablas en plural y te sientes aludido? Yo sólo lo he criticado a él.

—Sabes a qué me refiero —contestó A.

—En el momento en que te disocias y te transfiguras en un colectivo abstracto, estas perdido. Evaporas toda capacidad de autocrítica.

—Queremos transformar a México —replicó él—. Si no lo logramos, pereceremos todos.

—¿Todos? A mí no me sumes. Él no ha cumplido ninguna de sus promesas de campaña, sin embargo, es un hombre que cumple sus compromisos con la oligarquía a cabalidad. Pidió paciencia, ya van para dos años. ¿Cuánto tiempo más necesita? —insistió ella. —Voté esperando un cambio, pero he cambiado de tanto esperarlo. La corrupción, peor que nunca. La violencia, incontrolable. La pobreza, sin igual. Los feminicidios, incontables. El desempleo, en despegue. La militarización, en franco camino. La incapacidad, la ineptitud de sus secretarios, duele. Pero, sobre todo, daña.

—Te cerrarán los espacios, te arrinconarán.

—¿Aquí sí serán “ellos” los que me dañen y no tú? —dijo mientras se levantaba— Hablemos en plural, pues. Pidieron que los escucháramos para gobernar, ya gobiernan, pero no nos oyen. Quieren aplausos, no preguntas. Buscan pleitesía y en su nueva élite detestan el disenso… “Somos la Cuarta Transformación”, alcanzó a escuchar que le decía A. a lo lejos, mientras ella se marchaba y se ponía sus anteojos negros. “4T en muerT4”, imaginó ella.

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