Alejandro Alemán

La incipiente industria cinematográfica nacional no parece encontrar otra forma de ser económicamente rentable que no sea haciendo comedias románticas. Y no habría problema en ello de no ser por lo malas que son. La fórmula mexicana, más allá del boy meets girl, es la contradicción como argumento único en toda esta clase de cintas.

Esto es, la “nueva” comedia romántica mexicana siempre tiene como protagonista a una mujer que pretende ser empoderada, independiente, subversiva, para terminar de una u otra forma salvada, cambiada, revolucionada por algún hombre.

Es el caso de Qué culpa tiene el Niño (Loza, 2016), No manches Frida (Velilla, 2016), Treintona, soltera y fantástica (Cartas, 2016) y ahora Cómo cortar a tu patán, quinto largometraje de Gabriela Tagliavini, responsable de otro pilar de este tipo de cintas: Ladies Night (2003).

La premisa inicial es interesante. Amanda (Mariana Treviño) una terapeuta experta en mujeres que buscan terminar con sus relaciones tóxicas (cortar con sus patanes, pues), sale una noche a ligar a un bar. Logra llevarse al hotel a un chico y al día siguiente se da cuenta que es el novio de su hermana Natalia (Camila Sodi). Entre la culpa y el deber, Amanda se da a la tarea de hacer lo necesario para que su hermana abandone a ese patán.

El gran ausente en el guión de esta cinta —escrito a ocho manos por Anis Rangel, Patricio Saiz (Nosotros los Nobles), Ricardo Álvarez Canales (Ladies Night, Derbez en Cuando) y la propia directora— es la coherencia y el desarrollo de personajes.

La historia da tumbos entre decisiones absurdas, disparates alucinógenos (los novios como cervezas desechables en el refri) y un humor pueril, por decir lo menos. El desenlace será el esperado: un hombre guapo será quien convenza a Amanda de que no todos son unos patanes y que el amor existe.

Sin espacio para hacer demasiado, la pobre Mariana Treviño —quien ha demostrado en diversas ocasiones su habilidad para la comedia— queda sola con el paquete de levantar una película pobremente escrita y peor actuada: una Camila Sodi que resulta exasperante, un Christopher von Uckermann que es una auténtica tabla y un Sebastián Zurita que al menos sabe cómo resolver su papel.

Al final, sólo queda el consuelo que el protagónico no haya sido para Martha Higareda (aunque bien pudo serlo).

@elsalonrojo

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