Seis meses en pandemia

2 de Febrero de 2026

Seis meses en pandemia

Las relaciones humanas, el empleo y el esparcimiento no volverán a ser los mismos tras la pandemia; a seis meses de la llegada de la Covid-19 a México, la humanidad espera el milagro de una vacuna antes de fin de año

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El 28 de febrero se confirmó el primer caso de Covid-19 en México, una nueva enfermedad que irrumpió en el mundo durante las festividades de Año Nuevo, y que hasta entonces era considerada como un padecimiento apenas más grave que un resfriado común, y que autoridades de salud federales catalogaban como algo que no debía preocuparnos.

La realidad no podía ser más distinta. Desde aquel paciente cero se han sumado 579 mil 913 contagios, y 62 mil 594 personas han perdido la vida en México a causa del nuevo coronavirus de manera oficial, aunque las autoridades han reconocido que la cifra real en ambos casos es mayor.

En tan sólo seis meses, la vida en México se transformó. Durante estos 183 días hemos aprendido sobre distanciamiento social, aislamiento y pérdidas, pero también de resiliencia y adaptación. La Covid-19 expuso la fragilidad de nuestro sistema de salud y golpeó a los más vulnerables, quienes, a pesar del discurso oficial, luchaban para encontrar camas e insumos disponibles.

Después de seis meses, la pandemia por Covid-19 no ha cedido en nuestro país, y las cifras que en el comienzo parecían lejanas y aterradoras, se han superado hasta colocarnos como una de las naciones más golpeadas por el nuevo coronavirus.

Contrario a la narrativa oficial sobre la procedencia de los primeros enfermos de Covid-19 en México, la base de datos de la Dirección General de Epidemiología (DGE) muestra que la mayoría de los casos de importación llegaron al país desde Estados Unidos; incluso, el paciente cero tuvo como antecedente de viaje Canadá y no una nación europea como Italia o España.

De los 791 casos positivos de Covid-19 que se registraron con antecedente de viaje antes de que esta variable fuera borrada de la base de datos abiertos de la DGE a principios de abril, 320 correspondían a personas que venían desde Estados Unidos con todo tipo de historias, desde vacacionistas, hasta estudiantes e inmigrantes que regresaban al hogar tras una breve temporada de trabajo.

La fase tres de la emergencia sanitaria, que marcaba el inicio de la transmisión comunitaria, hizo que el dato de procedencia de los pacientes fuera innecesario, pero la idea colectiva sobre el virus que vino desde Europa quedó fija a pesar de que los datos demuestran lo contrario; de hecho, México sólo recibió 17 personas positivas a Covid-19 desde Italia, mientras que otros destinos como Perú, Colombia, Brasil o Argentina aparecen en lugares más altos en esa lista.

Pero sin importar el origen, el nuevo coronavirus se expandió rápidamente por el país desde aquel paciente cero y ha tomado la vida de decenas de miles en lo que hasta hace unos meses se proyectaba como un escenario catastrófico e inalcanzable.

Hoy se cumplen seis meses en el que el país comenzó a detenerse, a sorprenderse caso por caso, a conocer de familiares o amigos enfermos, a perder el trabajo y a tener miedo. En este tiempo hemos escuchado del valor del personal médico, pero también de las agresiones y perdidas que han sufrido.

Durante seis meses hemos visto las cifras crecer, desde los fallecimientos y contagios, hasta los empleos perdidos y la inflación; y mientas las camas de hospitales se expandían o reconvertían dentro de los datos oficiales, en la realidad el sonido de las ambulancias saturaba las calles mientras decenas de personas recorrían los servicios de urgencia para encontrar lugar.

La pandemia por Covid-19 cambio no sólo nuestras costumbres, también perdimos los abrazos y las reuniones mientras nos acostumbramos a una nueva normalidad que incluía distancia social y en la que incorporamos palabras que recordaban más a una guerra, que a una crisis sanitaria.

A pesar de estos seis largos meses, todavía no sabemos mucho de la enfermedad, los datos han aparecido a cuenta gotas, y los tratamientos no han pasado de una fase experimental, que si bien ofrecen esperanza aún no son la cura que podría poner fin a una crisis que promete durar, al menos, hasta el próximo año.