El Papa Francisco condenó la “violencia ciega” en medio de la crisis migratoria y la amenaza terrorista en plena Semana Santa. Este Domingo de Ramos durante la tradicional celebración litúrgica en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco ofreció a los fieles una homilía en la que lamentó que haya muchos que no quieran asumir la responsabilidad del destino de los refugiados, comparando su sufrimiento con el que padeció Jesús de Nazaret quien “experimentó en su propia piel también la indiferencia, pues nadie quiso asumir la responsabilidad de su destino”. https://bit.ly/21FPk6D
Estas palabras fueron pronunciadas el mismo día en el que entrará en vigor el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y Turquía, que contempla la expulsión inmediata de los refugiados que lleguen a Grecia desde territorio turco. Varias organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Unifec han manifestado su profunda preocupación por el acuerdo.
El tema principal de las reflexiones de Jorge Mario Bergoglio en este Año Santo de la Misericordia es el infinito amor de Dios por cada persona, que invita a los cristianos a ocuparse de los más necesitados. Como ha estado ocurriendo desde que comenzó la crisis de refugiados más grave desde la Segunda Guerra Mundial, el Pontífice les mencionara constantemente en sus mensajes y discursos durante esta Semana Santa.
La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año, la época ideal de oración y reflexión para encontrar en nosotros mismos la contrición, perdón y misericordia, pues recordamos la pasión, muerte y resurrección de Jesús crucificado. Asimismo además de tener un encuentro con Dios, es conveniente acercarnos más al prójimo y realizar buenas acciones, es decir cumplir en realidad con nuestro deber cristiano.
Mañana en Jueves Santo, se celebra la unción de los aceites, el Santo Crisma para la confirmación y los óleos para los enfermos y para el bautismo. Por la tarde, es cuando recordamos a Jesús reunido con sus apóstoles para celebrar la última cena y nos deja su cuerpo y su sangre como comida y bebida de salvación, así como el mandamiento del amor; “les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros como los he amado”.
Y por otro lado, el propio Jesús nos dio un testimonio idóneo de la vocación al servicio del mundo cuando decide lavarles los pies a sus apóstoles. Este Jueves Santo, el líder de la Iglesia Católica hará lo propio y en esta ocasión lavará los pies de 12 jóvenes refugiados durante el ritual de lavatorio de pies, que este año será diferente pues a solicitud del Papa Francisco en enero pasado, a partir de ahora se incluirá la participación activa de mujeres en la ceremonia.
Después de la cena, Jesús va con algunos de sus apóstoles al huerto de Getsemaní, es ahí donde se enfrenta al hombre que también es y lo inundan los sentimientos mortales de tristeza, angustia y ansiedad, y dice: “Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Mt 26.39), después llega a Él un ángel enviado del cielo que lo reconforta y le da valor para enfrentarse a su vía crucis mediante el poder de la oración.
Como seres humanos en algún momento de nuestra vida nos hemos enfrentado o afrontaremos esta situación, después de sufrir una gran pérdida o al afrontar una crisis espiritual, hemos sentido la extraña tristeza en el alma, el desconsuelo que amenaza con quedarse, la angustia latente que varía su intensidad, cuando nos sentimos derrotados, humillados, abandonados…
Tal vez creemos que Dios nos ha abandonado o llegamos a dudar de su existencia, en el huerto de los olivos Jesús nos enseña a no cavilar nunca, que a pesar de nuestra existencia humana y mortal, de los pesares y los dolores que nos inundan, creamos en su palabra y confiemos nuestra vida a Dios. El camino para llegar a esta comprensión y entendimiento es complicado y sinuoso, pero es a través de la oración como podremos encontrar el valor necesario para conseguirlo.
En el complicadísimo contexto actual que se vive en Europa en medio de la crisis migratoria y la amenaza terrorista en plena Semana Santa, el Santo Padre Francisco condenó “la violencia ciega” que engendra tantos sufrimientos y pidió por los migrantes y refugiados “son nuestros hermanos y hermanas que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la guerra y de la injusta distribución de los recursos del planeta, que deberían ser divididos igualmente entre todos”.
“Nos puede parecer muy lejano a nosotros el modo de actuar de Dios, que se ha humillado por nosotros, mientras a nosotros nos parece difícil incluso olvidarnos un poco de nosotros mismos”, advirtió el Santo Padre al finalizar su homilía de la misa de Domingo de Ramos para después invitarnos a aprender esta semana “del amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al egoísmo, a la búsqueda del poder y de la fama”.
*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación. simon@inprincipioeratverbum.com.mx @simonvargasa facebook.com/simonvargasa Linkedin: simón-vargas-aguilar www.inprincipioeratverbum.com.mx *Si deseas recibir mis columnas en tu correo electrónico, te puedes suscribir a mi lista en el siguiente vínculo: https://eepurl.com/Ufj3n